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Reinos de humo

El espíritu de la colmena

Benjamín Lana

En casa leemos un cuento de un oso llamado Norman que se disfraza de abeja gorda y va a la escuela de las abejas porque ama la miel. Allí aprende la danza propia de la especie y hasta toma lecciones de vuelo, aunque esto último con menos éxito. Los pequeños y grandes de nuestra familia somos todos parientes de Norman, el abejoso. Uno de los talludos creció con Maya y Willy en un pueblo en el que prosperaban el brezo y las colmenas. Queda claro que en nuestra casa le damos mucha importancia a las mieles.

Los apicultores piden más mano dura en el etiquetado y, aunque me consta que el Ministerio de Agricultura está apretando, la UE todavía se resiste

Hay algunas monoflorales, como las de castaño y las de romero, que solo le gustan al páter y otras que compartimos todos. Lo que no entra nunca por la puerta son esas mieles apócrifas, mil flores la mayoría, con las que tratan de engañarnos a todos, consumidores, apicultores y hasta a la Administración.

No solo es que traen cientos de toneladas de China con bajísima calidad y las mezclan con pequeños porcentajes de otras cosechadas en España para tratar de estafar, sino que la picaresca llega al nivel —en plan paraíso fiscal— de meterlas en Europa por un país, 'blanquearlas' como europeas y llegar así a los supermercados. La cosa puede ir más allá y para que con la analítica del polen que contienen no se pueda detectar la procedencia llegan a modificarlo químicamente, cuando no a añadir azúcares o melazas no procedentes de abejas.

Los apicultores piden más mano dura en el etiquetado y, aunque me consta que el Ministerio de Agricultura está apretando, la UE todavía se resiste. Mientras tanto, hay que comprar mieles amparadas por los distintos sellos de calidad (DOP, IGP o ETG) o monoflorales. La favorita de nuestra pequeña Norman es la gallega Mel da Anta.

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