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Reinos de humo

El poder de una lapa

Benjamín Lana

Hay pocos productos del mar más humildes que una lapa. Sus primas las ostras reinan en las mesas de los palacios y hasta los modestos mejillones levantan pasiones cuando el escabeche los acompaña. Pero las pobres lapas viven sus vidas de cenicienta pegadas a las rocas, sabedoras de que no despertarán el hambre de casi ningún humano. No sé por qué, pero yo las imagino melancólicas, con esa vida entre olas y espumas cuando la marea está alta y acechan los cabrachos, y cerradas fuertemente contra la roca cuando quedan al descubierto, sin otro modo de defensa que el de pasar inadvertidas.

Hace mucho que desaparecieron las ostras y los percebes de muchas costas, pero ahí siguen las lapas

Hace mucho que desaparecieron las ostras y los percebes de muchas costas, pero ahí siguen las lapas, dueñas del territorio. No hay tantos sitios donde ... el grueso de la población las coma con ganas. Me vienen a la mente Canarias y Asturias y poco más. Pertenecen a las cocinas de otros tiempos, a la de la memoria y a la del hambre, las que encontraban acomodo a cualquier proteína disponible.

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