Volver

Reinos de humo

Hagámoslo memorable

Benjamín Lana

Una de las labores sociales más importantes de la fotografía en su edad dorada de los siglos XIX y XX fue la de registrar los acontecimientos relevantes, así fueran sociales, políticos o familiares. Solo las ocasiones realmente especiales parecían demandar el posado de alguien.

Sin embargo, para la sociedad digital actual la captura de imágenes se ha convertido en una actividad compulsiva, banal y casi universal. En un solo día recibimos más impactos visuales –entre tres y cinco mil– que nuestros abuelos en años. La cocina no es una disciplina ajena a este exceso, al contrario. Aunque se ocupa sobre todo de los sentidos del gusto y el olfato, ha terminado siendo una fashion victim del imperio de lo audiovisual.

Me dan ganas de iniciar una campaña que diga algo así como: «Hagámoslo memorable, realmente especial: no lo registres, no lo grabes»

Hemos pasado sin solución de continuidad del rechazo social a la fotografía de personajes mientras están comiendo a retratar cada mísero bocado que vamos a engullir. Para muchos aficionados, fotografiar el plato es más importante aún que comérselo o, al menos, no se plantean comerse un buen guiso si previamente no ha habido un registro fotográfico ad hoc. Cada vez disfruto más cuando como solo y no saco el teléfono del bolsillo o cuando voy acompañado y la atención y la conversación en torno a la mesa no se ven interrumpidas por los sucesivos disparos de los móviles y los flashes. Me dan ganas de iniciar una campaña que diga algo así como: «Hagámoslo memorable, realmente especial: no lo registres, no lo grabes». Volver a usar ese artefacto mágico desarrollado durante milenios en nuestro cerebro que se llama 'el recuerdo', que tiene, además, la capacidad de embellecer el pasado con mucha más clase y elegancia que el filtro más innovador de la app de turno.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Hagámoslo memorable

[]

Hagámoslo memorable