Reinos de humo
La esperanza y el mes más cruel
Abril es el mes más cruel / criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo / turbias raíces con lluvia de primavera. / El invierno nos mantenía calientes, cubriendo tierra con nieve olvidadiza, nutriendo un poco de vida con tubérculos secos». El poema de T. S. Eliot regresa violento a la superficie como si no hubiera pasado un siglo desde que lo escribió ni fuera la primera vez que la nieve, en su huida, dejara a la vista muertos helados. Como si después de aquella primera contienda mundial no hubiesen pasado otros tantos abriles sin sentido en cualquier guerra ni nadie hubiese enterrado antes a su hijo, su hermano y su esposa.
Yo sentándome a escribir de comida y de los primeros abrazos sin miedo ni mascarilla, y la guerra de siempre colándose entre mis dedos
Abril, tozudo, se empeña cada tanto en reivindicarse para que no le retiren el calificativo. Paradojas humanas en el mes de la vida y el ... florecimiento. Yo sentándome a escribir de comida y de los primeros abrazos sin miedo ni mascarilla, de la alegría que retorna tras la Covid, y la guerra de siempre colándose entre mis dedos. Salen hiladas frases de mi mente que hablan de la alegría que vuelvo a sentir en un restaurante y, antes de plasmarse, se vuelven nada, como la aguanieve en un fogón.
La vergüenza por querer seguir viviendo al margen de la crueldad de este otro abril se me empasta con la esperanza, que tampoco deja de latir, y, como a todos los que seguimos vivos, algo bueno nos empuja hacia delante, ojalá con más perseverancia que el odio. Hoy estaré con Ksenia, una joven cocinera ucraniana que dejó hace días su búnker de Odessa, para que el mundo los mire. En vez de cocinar rancho de subsistencia para sus vecinos, hará platos tradicionales ucranianos para las cámaras del mundo.