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Pequeñas infamias

El síndrome Karamazov

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hasta ahora había fracasado con Dostoyevski. Demasiado ruso para mí. Cuando dedica treinta páginas a disertar sobre la culpa y el peso de la religión, lo único que conseguía hasta ahora era que cerrase el libro y me dieran ganas de tomarme un vodka-martini. Sin embargo, desde que he descubierto los audiolibros, he vuelto a él y estoy deslumbrada.

Qué gran invento este de que le lean un libro a una mientras hace otras cosas. Ni se imaginan lo pimpante que está mi casa ... de un tiempo a esta parte. Al tiempo que escucho una novela de la espléndida Edith Wharton o redescubro a Nietzsche, pongo orden en todos los armarios, reclasifico mi biblioteca entera. Incluso me ha dado por cocinar. Una gloria montar claras o hacer bechamel al son de novelas clásicas que no había leído antes.

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