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Pequeñas infamias

Espiral del silencio

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Ignoro qué estará pasando con el estallido de libertad en Cuba cuando lean ustedes estas líneas. El tener que escribir con dos semanas de adelanto me convierte en incierta pitonisa. Pero, si traigo a colación sucesos ocurridos a principios de julio en ese país, por el que siento especial cariño, es para comentar con ustedes un fenómeno social que no solo se da en Cuba, sino en nuestra vida diaria. En 1977, la politóloga alemana Elizabeth Noelle-Neumann publicó un libro que, bajo el título La espiral del silencio. Opinión pública, nuestra piel social, se dedicaba a estudiar la opinión pública como una forma de control social. Explicaba Noelle-Neumann que «los individuos suelen adaptar su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no, de modo que la opinión pública se convierte en la piel que da cohesión a la sociedad». Explicaba también que «la sociedad amenaza con el aislamiento a los individuos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, y que existe, por tanto, una tendencia a enmudecer a quienes prestan o tienen posiciones diferentes a la mayoría.

Quedamos patidifusos al ver cómo se puede hacer comulgar a un pueblo culto y pensante con semejantes ruedas de molino

La espiral del silencio es especialmente útil en los regímenes autoritarios, donde tener una opinión divergente puede significar la cárcel o incluso la muerte». De ... este modo, y contando con la complicidad de esa mayoría que no se atreve a decir lo que realmente piensa o siente, los sátrapas, los déspotas y los populistas acaban construyendo su siniestro andamiaje de represión. Esta puede ser brutal como la ejercida por Stalin o Hitler, pero también puede ser más light como lo fue en Argentina durante el mandato de Cristina Kirchner. En aquellos tiempos (que lamentablemente no han desaparecido del todo) se produjo una interesante metamorfosis ideológica. De pronto, intelectuales de izquierda y personalidades de la intelligentsia más insobornable comenzaron a autodenominarse 'K'. Ser 'K' significaba estar en la onda Kirchner, arrimarse al sol que más calienta y gozar de las ventajas y prebendas que otorgaba mandataria tan democrática y honorable. En España también tenemos un ejemplo notable de cómo funciona la espiral del silencio en los independentistas catalanes. Los que observamos dicho fenómeno desde fuera quedamos patidifusos al ver cómo se puede hacer comulgar a un pueblo culto y pensante con semejantes ruedas de molino: la fantasía, por ejemplo, de que Cataluña al hacerse independiente será más rica, más próspera y se incorporará de inmediato a la Unión Europea. O ese otro delirio de que Cervantes, Leonardo, y hasta Shakespeare, eran catalanes. Pero la espiral del silencio consiste precisamente en eso: una vez enunciados los disparates, el punto de vista de lo que podríamos llamar el 'núcleo duro' acaba ganando cada vez más adeptos. Y, una vez que esto ocurre, la opinión de ese núcleo duro comienza a sumar más y más voluntades hasta dejar sin discurso a los pocos que se atreven a ir a contracorriente. Aun así, y como demuestra lo que está ocurriendo en Cuba, sucede también que un buen día las tornas cambian. Basta con que la realidad imponga su ley, como en el caso de los cubanos. Y la realidad, en este caso, está formada por las siguientes circunstancias. El eclipse de los Castro de la esfera política; una crisis económica, social y sanitaria sin precedentes; una nueva generación de cubanos para los que el espantajo del embargo y la coartada del yanqui malvado ya no funciona; y, por encima de todas estas circunstancias, un ansia nunca hasta ahora manifestada de dejar atrás un experimento que jamás funcionó. Bastó por tanto una mínima llama, una manifestación de vecinos en San Antonio de los Baños, para iniciar un incendio en toda la isla. Porque esa es otra particularidad también de la espiral del silencio. Una vez que esta se quiebra, los cientos, miles o millones de personas que hasta hoy comulgaban con tamañas ruedas de molino dejan de hacerlo y actúan en consecuencia. Como empieza a ocurrir en Cuba. Como quizá ocurra un día no muy lejano en Cataluña porque, cuando el hartazgo y el sobre abuso es patente, esa espiral se convierte en imparable.

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