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Pequeñas infamias

Todo se pega

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Ignoro si existe algún estudio que analice la relación entre las redes sociales y el auge imparable de la estupidez general, pero me parece un temazo. Hace tiempo que intento explicarme por qué, cuando más personas que nunca antes en la historia tienen acceso a la educación, cuando informarse es tan sencillo como teclear en Google y cuando la cultura ya no es patrimonio de ricos, sino un bien de uso común, el mundo entero parece haberse vuelto lelo.

Lelo e infantil, porque muchos de los comportamientos que se observan a través de Internet son propios de adolescentes en plena revolución hormonal. Personas que ... pierden la vida por hacerse un selfi ante una ola gigante; otras que se tumban en la vía del tren «y mira qué macho que soy, que no me quito hasta el último segundo…»; robots con aspecto humano que tienen millones de seguidores y reciben declaraciones de amor e incluso ofertas de matrimonio; tipos que hacen carreras para ver quién come más huevos fritos en menos tiempo, bebedores de lejía (sic), terraplanistas, antivacunas, clubs de suicidas, seguidores de Satán, otros que conversan con ángeles o con extraterrestres…

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