Pequeñas infamias
Trampas de miel
Carmen Posadas
La expresión 'trampa de miel' se popularizó en tiempos de la Guerra Fría. Servía entonces para describir un método de espionaje que se caracterizaba por ... valerse del amor y el sexo para obtener información o influencia política. Dos ejemplos famosos son, por un lado, los llamados 'gorriones rojos', espías soviéticas adiestradas en artes amatorias, cuya misión consistía en enamorar y luego extorsionar a diplomáticos o mandatarios extranjeros. El otro ejemplo es su versión masculina, los 'Romeos' de la Stasi. Los servicios secretos de Alemania Oriental solían enviar al otro lado del telón de acero a guapísimos agentes con la misión de cortejar a las secretarias de políticos relevantes. Ganada su confianza, aprovechaban para obtener información comprometedora de sus jefes. Cumplido el objetivo, el supersexy Helmut, o Johan, o Wolfgang que les había jurado amor eterno se esfumaba dejándolas con el corazón roto y también expuestas a una denuncia por alta traición.
¿Somos todos potenciales víctimas de este tipo de manipulación emocional?
En la actualidad, los servicios secretos siguen utilizando estas utilísimas trampas para sus fines. Pero, acorde con los tiempos, existe ahora una nueva versión que se ha convertido en uno de los negocios ilegales más lucrativos del momento. En 2025, cerca de 70.000 personas denunciaron haber sido víctimas de una estafa romántica en Internet con pérdidas que superaron, solo en los Estados Unidos, los 1200 millones de dólares. Y estas cifras no son más que la punta de iceberg de un problema de mayor calado. Se estima que el 86,9 por ciento de las víctimas no denuncia el caso ante las autoridades debido a la vergüenza y el estigma social que acompaña el haber sucumbido a semejante timo. Pero ¿cómo se tiende una trampa de miel? Los métodos son varios y dejan en mantillas a los 'Romeos' de la Stasi y las 'gorriones' de la Unión Soviética. Ahora, el perpetrador ni siquiera necesita salir de casa. Basta con que tenga acceso a las redes y ojo avezado para elegir a su víctima, con preferencia hombres y mujeres de buena posición económica que se sienten solos. Entre ellos, los que sufren estafas más gravosas son los mayores de entre 50 y 74 años. La pérdida media oscila entre 2000 y 10.000 euros dólares, pero esta cifra puede doblarse o triplicarse según sea la engañifa. Existen dos tipos de trampas de miel, a cual más rentable e impune. Por un lado, está el método más burdo (y no por ello menos efectivo), que consiste en que el estafador camela a su víctima contándole que se ha enamorado fulminantemente de él o de ella con solo ver su perfil en las redes. Le cuenta, por ejemplo, que es un famoso actor de Hollywood, pongamos Brad Pitt, y que está harto de la falsedad de la vida en Hollywood, blablá, que desea escapar de su jaula de oro, blablá, por lo que solicita (y consigue, no me pregunten cómo, porque me parece delirante) que su víctima le envié dinero para el viaje. En otras ocasiones, el estafador se hace pasar por el rudo y guapísimo capitán de un petrolero. O pongamos que dice ser una militar norteamericana de alta graduación destacada en Nigeria. Tras un par de semanas de tórrido romance cibernético, el rudo marino o la aguerrida coronela americana explican, entre lágrimas, a su amado o amada, que su madre ha muerto en su país y que, circunstancialmente no cuentan en ese momento con dinero para ir a su funeral, por lo que ruegan que les presten 3000 eurillos de nada durante una semana. Por inverosímil que suene, la gente pica. Y no hablamos de personas de escasa formación, muchos son profesionales con estudios universitarios. En una escala superior de extorsión encontramos el método conocido como 'sextorsión', que consiste en solicitar de la víctima fotos íntimas con las que luego chantajearla. Pero el fraude más lucrativo de todos es el llamado pig butchering (literalmente 'matanza del cerdo'), que consiste en engañar al enamorado para que invierta todos sus ahorros en un negocio infalible en criptomonedas, un verdadero chollo que le hará doblar la inversión en una semana… ¿Qué hace que una persona entregue su amor –y su confianza– a alguien a quien no ha visto en su vida? ¿Somos todos potenciales víctimas de este tipo de manipulación emocional? ¿Hasta el extremo de hacernos creer que Brad Pitt (o Anne Hathaway, me da igual) se ha enamorado locamente y nos pide un préstamo? Nunca digas nunca, porque la vanidad humana es tal que hace que uno pierda contacto con la realidad. Por eso me parece útil relatar estos casos, para que sirvan al menos de advertencia de un fenómeno en auge. Uno que, una vez consumado, (casi) nadie denuncia por el bochorno de haber caído como un pichón en trampa tan dulce como pegajosa.