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Pequeñas infamias

Contradicciones e incoherencias

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Quizá en el futuro, cuando se estudien los turbulentos años veinte del presente siglo, amén de sus pandemias, sus desastres naturales y sus conflictos, llamarán la atención nuestras contradicciones.

Ya se sabe que el ser humano es contradictorio por definición, pero nosotros, los esforzados habitantes de estos tiempos, llevamos camino de convertirnos en campeones, ... en emperadores de la incongruencia. Tomemos, por ejemplo, una costumbre cada vez más habitual como es la de hacerse un tatuaje. ¿No resulta curioso que ahora que todo es efímero, pasajero, epidérmico, a la gente le dé por algo que es indeleble? No hay más que echar un vistazo por ahí para darse cuenta de que prácticamente no hay nadie que no lleve un tatuaje y cada vez hay más personas tan llenas de inscripciones y dibujos que parecen alfombras persas ambulantes. Un clásico es tatuarse el nombre del amor de su vida. Romántica práctica, sin duda, y todo un pliegue de intenciones, lástima que dos o tres años más tarde la inscripción 'Eternamente Pili' (o Santi o Puri) tenga que reconvertirse en petunia o flor de loto para dar paso al siguiente amor de su vida, cuyo nombre también se tatuará, indeleblemente.

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