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Pequeñas infamias

Contrarierismo reflexivo

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hace más o menos un mes, el economista Paul Krugman publicó un revelador artículo. Parafraseando el famoso dicho de Hemingway de que «los ricos son distintos de ti y de mí», Krugman tituló una de sus reflexiones semanales de este modo: «Los ricos están más locos que tú y que yo». En ella contaba que los millonarios tecnológicos de Silicon Valley van a apoyar a Robert Kennedy Junior en su carrera hacia la Casa Blanca.

Más de un ejemplo patrio tenemos; todo se ha vuelto endogámico, autorreferencial, dogmático

Dicho así parece lo más natural del mundo, los millonarios y las clases acomodadas apuestan por lo más parecido a la aristocracia que hay en ... los Estados Unidos. Pero el mundo ha cambiado tanto desde el comienzo de este siglo que ni los millonarios son como antes y mucho menos lo son los Kennedy. De hecho, y dicho en palabras de Krugman, Robert es un loco extravagante y majareta. Además de ser antivacunas declarado, sostiene que el Prozac es el responsable de las matanzas que periódicamente se producen en su país, mientras que sus simpatías en la guerra de Ucrania están más cerca del invasor que del invadido. Votantes sensatos del Partido Demócrata no le concederían, a pesar de su apellido, el menor crédito. Pero no así los inteligentísimos, exitosísimos y requeterriquísimos millonarios tecnológicos. ¿Por qué? El fenómeno que explica esta excéntrica decisión está tipificado y tiene un nombre. Se llama 'contrarierismo reflexivo' y, lamentablemente, no afecta solo a los ricachones de Silicon Valley.

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