Pequeñas infamias
¡Cuerpo a tierra, que llega la realidad!
Carmen Posadas
Cuerpo a tierra, que llega la realidad… y nosotros a por uvas. Resulta un consuelo (y a la vez es bastante aterrador) comprobar que algunas pavadas patrias son incluso más enormes por ahí fuera. Como muestra, he aquí algunas perlas que publica estos días la prensa británica.
Veo, por un lado, que una tal señora Smith ha sido la primera persona en dar una alocución en su propio funeral y contestar a ... las preguntas de sus deudos. «Estamos muy sorprendidos con mamá, estaba guapísima y muy elocuente», explicaba entre lágrimas su hija Mara. Su otro hijo, que trabaja en inteligencia artificial en una compañía de Steven Spielberg y que es el artífice de tal prodigio de ultratumba, aseguró que, a partir de ahora y por un módico precio, cualquiera podrá emular a la señora Smith. Basta con que deje grabada previamente la respuesta a las preguntas que él o ella escoja en el menú que ofrece el invento. Por un monto adicional también se pueden dejar a los deudos consejos, advertencias o, directamente, echarles un rapapolvo. El finado en ciernes no tiene más que grabar lo que quiere dejar dicho y, voilà!, ya tenemos a papá, mamá o a tía Enriqueta echándonos la bronca desde el más allá mientras sus restos mortales reciben cristiana sepultura.
Da igual que haya pandemias, guerras, hambrunas, incendios e inundaciones; los popes de lo políticamente correcto, a lo suyo
Como esto de que los muertos prediquen y echen filípicas post mortem se popularizará en breve, no voy a carcajearme demasiado. Pasemos a otras noticias igualmente reveladoras del mundo en que vivimos. La primera, recogida por el Daily Telegraph, ni siquiera me asombra por ser ya habitual. Según parece, a partir de ahora los lectores de mi adorado Thomas Hardy encontrarán, al comienzo de sus novelas, una nota woke en la que se advierte de que sus obras contienen pasajes de «gran crueldad con la naturaleza». Como Lejos del mundanal ruido, por ejemplo, donde se describen unas ovejas muertas, algo que puede herir la sensibilidad de los lectores. El artículo acaba explicando que gran parte de las universidades anglosajonas tienen ahora alertas woke de corte similar con el fin de proteger a sus alumnos de «toda escena que les pueda causar dolor o incomodidad».
Ya ven. Por estos derroteros anda el mundo. Da igual que haya pandemias, guerras, racionamientos, hambrunas, terrorismo, incendios pavorosos, desertizaciones e inundaciones; los popes de lo políticamente correcto, a lo suyo, no sea que alguien se traume o se sienta ofendido leyendo un libro. O viendo una obra de teatro, otra actividad peligrosísima para el estado emocional. Según noticia que destaca también la prensa británica en portada, The Globe, el teatro shakespeariano por excelencia, prepara para este otoño una obra basada en extractos de Enrique VI, en la que se retrata a Juana de Arco como no binaria. «Yo –explica su autor, que se define también como no binario y exige que se dirijan a su persona con el pronombre 'elle'– me intereso primordialmente en historias de mujeres trabajadoras y de queers. La mía es una propuesta honesta que, sin duda, hubiera interesado a Shakespeare. Él no tenía miedo de causar malestar en su público».
Para apoyar esta iniciativa, The Globe ha publicado, además, un ensayo firmado por Kit Heyam, escritore, academique y consultore en asuntos trans, que afirma que no solo Juana de Arco era binaria. También lo fueron, según elle, todas las mujeres que asumieron roles masculinos, como Isabel I de Inglaterra, por ejemplo. «Recuérdese –apostilla contundentemente elle señore Heyam– que en una de sus declaraciones más famosas la propia Isabel afirmó: 'Tengo el corazón y el estómago de un rey, de un rey de Inglaterra, además'. ¿Se puede decir más claro acaso?». Las que no lo tienen tan claro son las feministas inglesas que opinan que esta es una nueva e inesperada agresión contra las mujeres. «Si resulta que todas las féminas destacadas de la historia eran hombres travestidos –argumentan–, ¿quiénes nos quedan a nosotras como referentes, Minnie Mouse y Daisy?». Ya ven, así andan las cosas. Resulta aleccionador leer periódicos extranjeros y comprobar que en todas partes se cuecen habas… Y en algunas a calderadas, lo que, dados los desabastecidos tiempos que acechan, al menos nos dará –quien no se consuela es porque no quiere– para alguna que otra frijolada, supongo.