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Pequeñas infamias

El dilema del erizo

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Les he comentado alguna vez mis impresiones sobre el pesimismo? Soy pesimista irredenta, siempre me pongo en lo peor. Pero, precisamente por eso, solo me llevo sorpresas agradables. «… Uy, qué suerte, pensaba que tenía una enfermedad mortal y, según esta analítica, estoy como una rosa…». «Uf, qué aliviooo, me han llamado para el trabajo que yo quería…». «Mira tú qué bien, resulta que Juan (o Juana o quienquiera que sea según el caso) muere por mis huesos y yo sin darme cuenta…».

Acercarse a otros es reconfortante, da seguridad y calor. Pero acercarse demasiado genera conflictos, malentendidos, abusos...

No crean, no soy la única socia del Club de los Agoreros y Agonías. Estoy en muy buena compañía. Desde Séneca a Nietzsche, pasando por ... Marco Aurelio, son muchos los que han glosado sus bondades. Entre ellos, Schopenhauer, el padre del pesimismo moderno, y uno de mis pensadores favoritos. Sus teorías sobre cómo conducirse en la vida son la antítesis de esos 'bestseleros' libros de autoayuda según los cuales basta con ser positivo, bla, bla, y desear algo con la suficiente fuerza, bla, bla, blá, para que todos tus deseos se cumplan.

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