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Pequeñas infamias

Enmendándole la plana a Goebbels

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Me interesó leer en un libro de reciente aparición una teoría de por qué gente culta y pensante está dispuesta a creer e incluso abrazar con fervor los disparates más grandes, las trolas más inverosímiles. En La era del conspiracionismo, Ignacio Ramonet, escritor y director durante años de Le Monde Diplomatique, se asombra de cómo el presente ha dejado obsoleto el precepto de Goebbels de que una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en verdad.

Resulta que ahora –con la distorsión que producen las redes y con el hecho de que en la actualidad cada uno puede tener, defender y ... difundir 'su verdad' y todo es opinable– ocurre exactamente lo contrario a lo propugnado por Goebbels. Verdades tan incontrovertibles como que la Tierra es redonda o que las vacunas salvan vidas son refutadas y puestas en solfa. Y no por parte de personas sin formación, también por parte de aquellas cultivadas y pensantes. Esto explicaría, según Ramonet, fenómenos tan inquietantes como que casi la mitad de los norteamericanos cree que a Trump le 'robaron' las elecciones y otras 'verdades' igualmente contrarias a la razón.

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