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Pequeñas infamias

¿Fin de la corrección política?

Carmen Posadas

Leo en diversos medios extranjeros que se vislumbra el fin del movimiento woke. En España la palabra woke —que, según el Diccionario de Oxford, significa «estar alerta y consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo»— nunca ha hecho demasiada fortuna. Entre nosotros usamos más la expresión 'corrección política' para denominar la corriente de pensamiento de quienes dicen estar vigilantes y alertas no solo contra el racismo. También contra el machismo, el sexismo, la LGTBIfobia, etcétera.

Sería larguísimo explicar cómo surgió esta corriente en las universidades norteamericanas en el siglo anterior, siguiendo la estela de los posestructuralistas franceses como Derrida, Foucault ... o Althusser, y pasada luego por la túrmix de un ejército de académicos norteamericanos tan mediocres e intransigentes como bienintencionados. Es evidente que, a estas alturas, nadie niega que es importante estar alerta contra la discriminación de personas por su sexo, orientación sexual, raza o cualquier otra particularidad. Pero lo paradójico de la corrección política es que, en aras de defender tan loables causas, ha llegado a dislates como conseguir que se 'limpie' de términos, según ellos, 'moralmente reprobables' obras de autores tan peligrosos como Agatha Christie, Roald Dahl o incluso la propia Biblia, que, según ellos, es un cúmulo de todos los pecados woke imaginables: machismo, sexismo, homofobia...

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