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PEQUEÑAS INFAMIAS

Fingir es el primer paso para ser

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Es curioso observar cómo la era Internet está propiciando una especie de involución en ciertos oficios, por ejemplo el mío. Antes, uno escribía un libro, ... se lo entregaba al editor, hacía un par de entrevistas y después podía volver a encerrarse en esa famosa torre de marfil en la que se supone moran los intelectos y allí dar forma a su nueva creación. Otro tanto ocurría con los cantantes. La estrella (o no tan estrella) de turno grababa un disco, lo promocionaba un poco y después volaba a San Bart o Salvador de Bahía a sorber ron con coca-cola o caipiriñas mientras su hit escalaba él solito en la lista de los más vendidos. Ahora, en cambio, por culpa de la piratería y de la enorme competencia que hay en todos los ámbitos, los escritores nos hemos vuelto juglares y los cantantes, músicos ambulantes. Ellos han tenido que regresar a los conciertos en vivo de feria en feria como fuente primordial de ingresos y a nosotros nos pasa algo parecido. Se acabó, por tanto, el escritor tímido y poco sociable. Es necesario convertirse en un showman, un actor, un prestidigitador. El que no sabe vender su libro está muerto. Con decirles que conozco a uno que está dando clases de ventriloquía para entrevistarse a sí mismo y de esa manera dar más interés y exotismo a sus charlas, a sus conferencias

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