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Pequeñas infamias

Halaga, que algo queda

Carmen Posadas

Rafael Atienza, a quien mucho admiro, me ha enviado unas reflexiones sobre el halago que me siento incapaz de superar. En ellas distingue entre halagadores ... zafios y halagadores inteligentes y señala que es una suerte que la mayoría sean zafios, porque todos somos sensibles al halago, y cuanto más refinado sea, más posibilidades tiene el adulador de conseguir su propósito. Afirma también que, en realidad, la vanidad está reñida con el orgullo. Porque 'orgullo' viene del germánico urgoli, que significa 'excelente', 'insigne'. «Quien tiene autoestima –dice Atienza– no necesita de la aprobación ajena: es orgulloso y, por tanto, puede ser modesto». Es el inseguro quien necesita del buen juicio ajeno. Por eso el orgulloso es libre y el vanidoso, esclavo; el orgulloso es persona y el vanidoso, solo personaje.

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