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Pequeñas infamias

La belleza y sus paradojas

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hay supuestos que todos damos por buenos, aunque la experiencia y la razón digan lo contrario. Uno es la identificación de la bondad con la belleza, un apriorismo que se manifiesta en todo, desde los cuentos de hadas hasta las multas de tráfico. En los cuentos, por ejemplo, las heroínas, bien sean princesas o humildes pastorcillas o molineras, son siempre monísimas, de cabellos sedosos y ojos grandes y almendrados, mientras que los personajes femeninos negativos son brujas o viejas salpicadas de verrugas.

En cuanto a las multas de tráfico, se sabe que los guapos escapan con más facilidad de los rigores de los agentes de tráfico, ahorrándose ... una pasta. ¿Por qué es así?, ¿por qué, y tal como se sorprendía Baudelaire, «la belleza del cuerpo es un sublime don que de toda infamia arranca un perdón»? Sea por la razón que fuere, no hay que reflexionar demasiado para darse cuenta de que, por mucho que lo afirme la sabiduría popular, la cara no es el espejo del alma y, detrás de un rostro bello, no siempre hay un querubín.

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