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PEQUEÑAS INFAMIAS

Mensaje en una botella

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Escribo estas líneas mientras se celebra la larguísima Feria del Libro de Madrid, una cita anual que permite a un escritor conocer por fin a ... muchos de sus lectores. Siempre que reflexiono sobre este viejo oficio de juntar palabras, me acuerdo de esos chistes de náufragos en los que puede verse a un barbudo individuo en una minúscula isla escribiendo un mensaje para luego encerrarlo en una botella y lanzarlo al mar. Porque escribir conlleva precisamente eso. uno nunca sabe a qué playa o a qué otro náufrago puede llegar. Y es que la nuestra es una actividad tan solitaria que, cuando uno se encuentra con un lector que le dice tal frase de su libro me ayudó en un momento duro o tal artículo se lo he mandado a todos mis amigos porque es lo que yo siempre quise decir y no sabía cómo , se piensa con infinita satisfacción. Qué alegría, esta botella al menos no se estrelló contra las rocas, hay alguien por ahí a quien le llegó el mensaje y, entonces, se siente uno el náufrago más feliz del mundo. Claro que todo eso era antes, porque ahora Internet, ese inmenso océano por el que navegamos todos, está lleno de islas (llámense páginas, portales, blogs o como se quiera) y no digamos de náufragos, que lanzan multitud de botellas con sus correspondientes mensajes.

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