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Pequeñas infamias

No me apetece

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Ya sé que el mundo gira a una velocidad tal que lo ocurrido dos o tres semanas atrás parece tan remoto como el reinado del visigodo Wamba o Recaredo. Pero me gustaría volver a un hecho que tuvo lugar en Semana Santa para ilustrar un fenómeno que me parece curioso. En uno de los Jueves Santos más lluviosos que se recuerdan y luego en un viernes más desapacible aun, la reina Sofía quiso acompañar a los cofrades en dos procesiones: una, en Málaga; la segunda, en Madrid.

Yo, que como les he contado en alguna ocasión, soy la reina de la haraganería, la emperatriz del dolce far niente, no puedo por ... menos que admirar su entrega, su dedicación y su vocación de servicio. Doña Sofía ha desempeñado el papel que el destino le ha adjudicado con una grandeza, una generosidad y un pundonor extraordinarios. A sus casi 86 años podría haberse quedado tranquilamente en casa con un libro o escuchando música. Pero ella pertenece a una especie en vías de extinción, la de aquellos que tienen eso tan trasnochado y fósil que llaman 'sentido del deber'. Recuerdo que hace años, en una de las pocas entrevistas que ha concedido, le preguntaron en qué consistía ser reina y ella contestó que en desterrar para siempre de su vocabulario estas tres palabras: «No-me-apetece».

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