Saltar al contenido
Volver

Pequeñas infamias

Ooooommmmm

Carmen Posadas

Carmen Posadas

En la vida no siempre ganan los malos (afortunadamente); en los restoranes, en cambio, sistemáticamente ganan los maleducados. Para mí, estos establecimientos (también los bares, los hoteles o los aviones) son el lugar perfecto para uno de mis deportes favoritos: observar y leer comportamientos humanos.

Hace años que me doctoré en gestos y actitudes ajenas, de modo que sé descifrar cuándo alguien está nervioso de más, cuándo miente, cuándo una ... pareja está en su primera cita y cuándo el amor (o el desamor) empieza ya a hacer de las suyas. ¿Creen que me las estoy dando de pitonisa o de detective? Me parezco a una sibila o a Sherlock Holmes como una ostra a una chirla, pero cualquiera puede hacer el mismo ejercicio. Las intenciones de otros son fáciles de descifrar cuando uno es un observador ajeno. No es que dos personas que están departiendo no perciban los mismos retazos de información que yo desde fuera, por supuesto que sí. Pero la especie humana se ha vuelto tan sofisticada que tiende a sofocar su intuición y hacer caso a otro tipo de consideraciones. El proceso mental es más o menos así: «… Bueno, sí, no me gusta la forma de mirar que tiene esta persona, pero es tan guapa / rica / importante. ¿… Y ese pie que mueve compulsivamente arriba y abajo? Nada, nada, tía Enriqueta hace lo mismo y es un solete; venga, voy a invitarle a otra ración de gambas».

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Ooooommmmm

[]

Ooooommmmm