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Pequeñas infamias

Para este viaje no hacían falta alforjas

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hace diez o doce años escribí un artículo por el que casi me lapidan. Lo llamé Zavalita y las feministas y en él hablaba de la sorpresa que suponía para alguien de mi generación el ver cómo se estaba volviendo a ciertos roles mujeriles que nosotras habíamos luchado tanto por dejar atrás.

¿De verdad hay que elegir entre tener una carrera profesional o ser madre perfecta?

Contaba, por ejemplo, el estupor que me produjo coincidir en un vuelo transatlántico con una joven madre, por todas las trazas universitaria y sin apreturas ... económicas, que viajaba con su hija de corta edad. Cada vez que la niña lloraba o se impacientaba, la madre se la ponía al pecho y le daba de mamar. «Es lo único que la calma –me explicó–. Además, yo soy partidaria del destete a la carta. Será cuando ella quiera. Mi intención es fomentar al máximo la unión con mi hija y ser la mejor madre que María Elena pueda tener».

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