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Pequeñas infamias

Perpetuando dislates

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Durante años, miles de niños y adolescentes acudieron al hospital londinense de Tavistock para cumplir un sueño: cambiar de sexo. Allí todo eran facilidades, el hecho de 'sentir' que pertenecían al sexo contrario era suficiente para empezar un proceso de hormonación que culminaba en la sala de operaciones con la extirpación de órganos que no encajaban con sus preferencias. A pesar de que el centro siempre ha defendido que a los menores se les brindaba «atención de afirmación de género» para que ellos y sus familias estuvieran informados de las decisiones que iban a tomar respecto a su salud, muchos de ellos, ya adultos, aseguran que ni a ellos ni a sus padres se los informó de tratamientos menos invasivos e irreversibles.

Atrapados en un cuerpo lleno de cicatrices, su deseo es volver al sexo con el que nacieron

Uno de estos jóvenes, ahora arrepentido, cuenta, por ejemplo, que a sus padres se les aseguró que su disforia de género nunca se resolvería a ... menos que transicionara química y quirúrgicamente y que debían elegir entre tener una hija con tendencias suicidas o un hijo transexual. Muchos otros pacientes en distintos países en los que se permiten estas prácticas a menores cuentan situaciones similares. Casos de niños que, una vez hecha su transición, se dan cuenta de que lo que creían un sueño acabó en pesadilla. Atrapados en un cuerpo lleno de cicatrices y, con su normal proceso de crecimiento y maduración seriamente comprometido, su deseo es volver al sexo con el que nacieron.

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