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PEQUEÑAS INFAMIAS

La teoría de los jugadores de póquer

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Que Internet es un espejo deformante o no tan deformante de la naturaleza humana no es novedad. En ese inmenso territorio comanche que son las ... redes, se encuentra uno con lo mejor y, por supuesto, con lo peor de lo que somos. ¿Qué empuja de pronto a adolescentes del mundo entero a rociarse el pecho con gasolina, prenderse fuego y grabar la hazaña para que otros la vean? ¿Qué busca un imbécil subiendo a la Red un vídeo en el que conduce un coche a 220 y con los ojos tapados? ¿Y ese otro al explicar cómo birla dinero de la caja de su oficina? El anonimato y, a la vez, el inmenso escaparate que proporciona la Red propician comportamientos que parecen inexplicables al más elemental sentido común. Lo que Internet revela de los recovecos de nuestra mente es tan fascinante como variopinto, pero hoy me gustaría hablar de actitudes menos extremas que las que acabo de mencionar, pero que no dejan de ser curiosas y también indicadoras de cómo somos.

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