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Pequeñas infamias

Un mono con un kaláshnikov

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Hace tiempo que intento buscar una explicación a dos fenómenos globales inquietantes. El primero es el auge de la sinrazón, la infantilización rampante que nos infesta y el triunfo de las teorías conspirativas más delirantes. El segundo es el ocaso de la democracia y la irrupción de caudillos y autócratas tanto de izquierda como de derecha. El tema da no para un artículo, sino para todo un libro, pero aun así me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones.

En su libro El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo, Anne Applebaum comienza contando que en la Nochevieja de 1999 su marido ... y ella dieron una fiesta a la que acudieron amigos periodistas, intelectuales y profesores universitarios de diversos países. Ingleses, americanos, centroeuropeos, liberales y/o de izquierdas, todos de un perfil y sensibilidad similares. Veinte años más tarde unos se habían vuelto trumpistas; otros, partidarios de Putin, de Orban e incluso prochinos, de un signo o su contrario, pero todos radicales e intransigentes. La teoría de Applebaum es que, dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad civilizada puede dar la espalda a la democracia. ¿Pero cuáles son esas circunstancias «adecuadas»? ¿Qué hace que sociedades avanzadas, con rentas per cápita altas y un grado de cultura elevado, abracen de pronto teorías extravagantes, acepten como ciertas trolas descomunales y voten por individuos populistas y mentirosos?

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