El bloc del cartero
Desenmascarados
Celebra un lector que las autoridades hayan eliminado por fin la obligación de usar mascarilla en los Ć”mbitos donde aĆŗn se mantenĆa. Ve en la medida el cierre de la pesadilla de cuyo nombre no quiere acordarse. La seƱal para seguir viviendo cada instante, la Ćŗnica posesión cierta de la que podemos presumir, como si aquello no hubiera sucedido nunca, porque lo que ya fue dejó de ser. Hay en su alegato una renuncia a recordar de mĆ”s, y en particular a buscar a quiĆ©n adjudicarle la culpa de lo que prefiere enterrar en el olvido. Cierto es que en aquellos dĆas de perplejidad todos fallamos o habrĆamos fallado si hubiĆ©ramos estado al timón. La duda es si la desmemoria es justa para quienes allĆ quedaron. Para quienes, como la autora de la carta de la semana, cayeron a un pozo del que tuvieron que luchar para salir.
Newsletter
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
" antetitulo="
"]
No me acuerdo ya
Tres aƱos, mĆ”s o menos, de mascarillas y lĆos. Pero por fin se acabó. El ... que pueda, a vivir. Cada dĆa tiene su afĆ”n. Seguimos vivos. Yo, al menos, procurarĆ©, intentarĆ© no recordar nada de nada. OlvidarĆ©, si puedo, sin mĆ”s, todo lo que me sea posible de ese asunto del que les hablo, y no lo recreo mĆ”s, pues la palabra es un arma. Nada pasó. Nada existe de aquello realmente. Solo existe el hoy, el ahora. Como siempre. QuizĆ” fue solo un sueƱo. Malo. QuizĆ”, no lo sĆ©. ĀæPara quĆ© darle vueltas? Igual no fue como a mĆ me parece. ĀæQuiĆ©n tuvo la culpa? ĀæDe quĆ©? Es igual. Todos, quizĆ” yo, o Ć©l, o ella, o ello, o nadie, o ninguno, o tampoco, un poco. Es lo mismo. No me acuerdo ya. Gracias.
Pedro Gil Pondal. Bilbao
ProblemƔtica francesa
Nuestros vecinos galos encarnan un modelo de integración fallido en el cual la asimilación de la inmigración exhibe incontestables carencias que se han plasmado tristemente en una clara conflictividad social. Si los polĆticos, digamos, tradicionales, conjuntamente con los instrumentos democrĆ”ticos, son incapaces de resolver esta situación, la Ćŗnica alternativa no serĆ” otra que el canto de sirena de la xenofobia y del populismo. Reconstruir la identidad nacional francesa, rehabilitar un marco de valores comunes y revertir las consecuencias de la desigualdad sobre todo económica āamĆ©n de religiosa y culturalā son los desafĆos mĆ”s urgentes.
Martà Mancilla Muntada. Correo electrónico
Elogio de la duda
Las mĆ”quinas aciertan o yerran, nunca dudan. La duda es un atributo humano. Y, sin embargo, tiene mala prensa. En todos los Ć”mbitos del saber y la gestión se encomia la determinación. Esa fe, tantas veces ciega, en la certeza del conocimiento y en la validez de las propias decisiones. Un atributo propio de autómatas o dioses. Imagino la angustia de ese atribulado asesor de imagen ante la sola posibilidad de que su cliente exprese en pĆŗblico la mĆ”s mĆnima vacilación ante las preguntas determinantes, aquellas que 'no admiten duda'. Ese dirigente (polĆtico, empresarialā¦) estarĆ” condenado al descrĆ©dito, al fracaso. En una sociedad que no admite la debilidad propia de la naturaleza humana y reclama a los demĆ”s la condición de hĆ©roes, dudar es perecer. Pero dudar es vivir humanamente. Nada nos define mejor que la incertidumbre. Esa permanente suspensión del juicio sobre la que, pese a todo, cual funambulistas, avanzamos. La duda es lo que somos.
Julio DĆaz-Maroto Maqueda. Toledo
Soy enfermera
Llevo un mes y medio trabajando en una unidad de dĆa de oncologĆa y me ha cambiado la vida. Hace cinco meses estaba perdida. No tenĆa fuerzas para seguir siendo enfermera, una profesión conseguida a los 40 aƱos y con mucho esfuerzo. Era mi vocación desde pequeƱa y no podĆa continuar ejerciendo. SufrĆa problemas de ansiedad desde el dĆa antes de ir a trabajar y al acabar mi jornada. Poco a poco el alivio se convirtió en depresión, agravada por el dolor fĆsico. Estaba sumida en un laberinto de emociones capitaneadas por la tristeza, el desĆ”nimo y la pĆ©rdida de ganas para seguir adelante. 'Trastorno ansioso-depresivo' era la etiqueta que colgaba en mi espalda despuĆ©s de vivir la pandemia en las trincheras y despuĆ©s de perder a mi padre por la covid. Ahora, tras un cambio de puesto de trabajo, meses de tratamiento, psicólogos y apoyo familiar, puedo decir que estoy feliz. Entro cada maƱana a la unidad sabiendo que estoy ayudando, que soy Ćŗtil y que soy enfermera.
Chari Castilla. Sevilla
Por qué la he premiado⦠Por darnos cuenta de esa bendita capacidad que tenemos los humanos para resucitar.