EL BLOC DEL CARTERO
Andorras
Señala un lector, a raíz de la sonada fuga fiscal de un conocido influencer, cómo convertir a estos personajes en referentes puede estar incitando a ... una generación entera al escapismo, en detrimento de la recepción de otros mensajes que solían venir del pensamiento, el conocimiento, la reflexión sobre valores, recibidos por mediación de padres y educadores con afán de ayudar a sus hijos o alumnos a ir con un bagaje por la vida. No es solo que estos personajes consuman su tiempo y el de su audiencia en evasiones como los videojuegos: es que les proponen un modelo de vida en el que si a uno le molesta algo –impuestos o lo que fuere– se busca una Andorra, la justificación que conviene a su interés y asunto resuelto. No es así como va el mundo, en general. Sirven solo para modelo de sí mismos.
LA CARTA DE LA SEMANA
El historiador Heródoto dejó escrito que «la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición». Los antiguos griegos utilizaban el término hybris, traducible aproximadamente por 'soberbia', para referirse al comportamiento humano caracterizado por una arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmedida que, de manera temeraria e insolente, cree poder alcanzar mucho más de lo que su limitada condición de hombre le permite. Según Homero y Hesíodo, numerosos y célebres personajes (Ícaro, Pandora, Edipo, Aracne, Casandra, Narciso...) fueron castigados por este pecado contra la divinidad, alcanzando incluso la maldición a animales como el mulo, un 'híbrido' ('soberbio' en sentido etimológico) condenado a la esterilidad por ser fruto de una relación contra natura. Similar desenlace se deriva, en la tradición bíblica, de la rebelión arrogante contra Dios, desde el ángel (fieramente humano) Lucifer hasta los desafiantes arquitectos de Babel, pasando por la mismísima pareja primigenia. El Homohabilis, con el transcurrir del tiempo, evolucionó a sapiens; ahora, a su pretensión 'híbrida' de deus, la divinidad, cualquiera que sea el significado que se le otorgue, ha respondido enviándole un diminuto y siniestro bicho que lo ha devuelto al lugar que nunca debió abandonar. ¿Habrá –habremos– asimilado finalmente la lección? Más que nunca me vienen a la memoria los versos de Blas de Otero: «Si supierais bastaros, ensamblaros. / Si supierais ser hombres, solo humanos...».
Javier Poch Zatarain. San Sebastián (Guipúzcoa)
Por qué la he premiado… Por la riqueza de ideas, que no sobra a la hora de analizar lo que es crucial y complejo.
La influencia de los 'youtubers'
El traslado de residencia –y domicilio fiscal– a Andorra de un mediático youtuber escapista ha causado gran revuelo e indignación. Es tal el poder de persuasión de los influencers que Sanidad recurre a ellos para convencer a los jóvenes de que no asistan a fiestas evitando contagios. Ello pone de relieve la enorme influencia de quienes a través de las redes sociales encandilan a cientos de miles de seguidores y, desde luego, influyen en la construcción de la identidad propia de los adolescentes, dificultando y entorpeciendo la función pedagógica de padres, madres y educadores. Como se ha escrito, si los influencers se han encumbrado como ídolos entre una multitud de adolescentes es porque, en gran medida, alguien ha degradado su formación, convirtiéndolos en gregarios estabulados, cautivos de la pantalla del ordenador y del móvil, en un contexto de gradual decadencia educativa, convirtiéndolos en seres moldeables para determinadas ingenierías sociales, al haber suprimido o devaluado materias esenciales, como la filosofía, la ética, los valores cívicos, constitucionales, en lugar de fomentar la opinión crítica y el desarrollo de una personalidad propia que no debe estar reñida con la búsqueda de una integración y una aceptación social. La adicción a la socialización virtual, a la masificación adocenada, que suele desenvolverse en el terreno de la vulgaridad y la banalidad e incluso incentivando conductas autolíticas o inculcando distorsionadores modelos estereotipados, desplaza y, aun más, interfiere en la relación paternofilial hasta el extremo de que los progenitores llegan a convertirse en auténticos extraños en el propio hábitat familiar. Debería reflexionarse seriamente sobre la necesidad de revertir esta anómala disfunción.
José María Torras Coll. Sabadell
Convertir el sufrimiento en arte
Conozco bien a ese monstruo cruel llamado 'cáncer'. Mató a mis padres e hirió profundamente mi pecho. Gracias a Dios y a los médicos logré superarlo, pero aún hoy, tras cinco años de ser operada, sigue afectando a mi vida y estado de ánimo. Por ello quería enviar mi apoyo, admiración y agradecimiento a todos los que luchan por erradicarlo tanto de sí, los enfermos, como del mundo, los profesionales de la salud. Pero particularmente quisiera ahora felicitar a Olatz Vázquez por su excelente crónica fotográfica y literaria Lloro fotografías, publicada en esta revista. La secuencia de esas imágenes y palabras muestran, más que el exterior de un bello cuerpo castigado, el interior de un alma doliente, logrando brillantemente convertir su sufrimiento en arte.
María Dolores Núñez de Prado Ramírez. Madrid
¿Salvemos el planeta?
Cansan torpes tópicos como la consigna angustiada de que debemos 'salvar el planeta'. Desde famosos postureando hasta escolares convencionales recitan el mantra inculcado, sin que esto se traduzca en acción alguna. Difícil que se aplique; más bien, imposible. Unos y otros no se paran a pensar que al planeta no podemos destruirlo ni salvarlo. Nos viene grande. Solo podemos dañarnos a nosotros mismos dañando el medioambiente. La Tierra existió mucho antes que los humanos y, hagamos lo que hagamos, nos sobrevivirá sin inmutarse. Lo que el tópico oculta o difumina es que lo realmente en peligro, además de una variada flora y fauna, es la humanidad. Se fomenta un extraño ecologismo cosificante y casi panteísta. Se publicita un absurdo enfoque épico y mesiánico sobre este punto azul del sistema solar mientras se ningunea el humanismo y, así, al propio ser humano. Parece que el humano molesta al ser humano. No sufre el mineral planetario, sino la humanidad de carne y hueso, sea como gran familia humana, sea como cualidad profunda que nos distingue. En vez de consignas huecas, salvemos lo más humano de cada uno de nosotros y, con el alma abierta al cielo, salvemos la humanidad entera, empezando por los más vulnerables. Para ello, antes de que nos laven el cerebro y ensucien el corazón, salvemos la inteligencia.
Pablo López López. Valladolid
En el tren del futuro
Estamos aprendiendo de la pandemia. Vemos como la gestión de la misma no está siendo todo lo adecuada que debería, así como la falta de producción de vacunas que permitan su erradicación. Este episodio está poniendo de manifiesto que su solución sobrepasa los límites del Estado nacional. La Unión Europea debe aprender que precisa de una sanidad continental, que disponga de laboratorios propios, capaces de abastecer de vacunas en tiempo y forma a los ciudadanos europeos. Tal vez, si hubiésemos dispuesto de estas herramientas al inicio, la economía europea –y, en particular, la española– no se habría contraído en las cifras que hoy presentan. La mayor parte del turismo que viene a nuestro país es europeo. Necesitamos más una Unión Europea que articule los instrumentos y mecanismos necesarios para dar comienzo a una nueva etapa de la construcción de un único Estado Europeo. La pandemia debe de ser el punto de inflexión que permita la recuperación del viejo continente ante los competidores mundiales que se están creando. En el tren del futuro, Europa debe tener su propio vagón.
Pedro Marín Usón. Correo electrónico
Ecos de humanidad
Celebramos la Jornada Mundial del Enfermo (fue el 11 de febrero). ¿Quién no se siente agasajado en este día? Nadie se libra de alguna dolencia. La vida real transcurre en la limitación. Nuestro destino es saber vivir con fragilidades. Contemplo a Marta, mi sobrina adolescente, con una importante discapacidad e infinidad de operaciones quirúrgicas. Miro a Raúl, persona mayor a la que le detectan demencia. Me observo a mí misma en mis revisiones oncológicas y mi decaimiento... Atisbo a todos los demás con sus propias historias. Descubro personas valerosas: palpamos nuestra debilidad –física, psíquica, emocional– que convertimos en un eco de humanidad. Nos inyectan analgésicos y sueros, pero, además, precisamos del fármaco del consuelo y del acompañamiento. En su prospecto se enseña los modos de consolar, las habilidades de comprender y ayudar al paciente. La belleza de Marta, como la de todos los enfermos, estriba en esa dependencia que precisa continuamente de sus padres, profesores… Ella recibe muchísima atención y cariño, con lo que es feliz y le hace estallar en una verdadera risa contagiosa. Y nosotros la amamos incondicionalmente, por ser ella y no por lo que tenga ni llegue a ser. Nos hace sacar lo mejor que cada uno tenemos. Nos hace buenas personas. Nadie posee una autonomía absoluta y, por ello, los enfermos no estamos en una situación de indefensión ni degradante. El no poder ejercer la vida no supone que pierda su valor. El amor y la libertad nadie nos lo roba. Otro eco de humanidad que implantamos es el agradecimiento a todo el personal sanitario y no sanitario que nos atiende. Les confiamos nuestras vidas y nos brota la gratitud a su trabajo. Ojalá pacientes y sanitarios instauremos la cultura del entendimiento y no del antagonismo.
Isabel Montañés Nerín. Zaragoza
La batidora
A Iñazio lo sacan pasada la media mañana al solecito, y también después de comer, hasta que se nota el relente y su piel de enredaderas azuladas agradece el fuego bajo. En todo ese tiempo, bajo un cerezo que él mismo plantó, asiste a todos los que se acercan y le hablan en susurros. Al principio eran simplemente 'quedabienes', pero con el tiempo se pide la vez y cada cual se toma su tiempo, como delante de un confesionario. Iñazio apenas se mueve. Solamente mueve la cabeza, como si asintiera, pero nunca dice nada. Es depositario de penas, de pecados, de deseos y de traiciones. Más discreto no puede ser. Si no lo fuera, quién sabe el lío que podría montar mezclando historias. No se sabe si procesa, tras su mirada perdida, lo que largan todos. Tampoco parece importarle a nadie, especialmente en estos tiempos, en los que muchos pagarían por un poco de atención sin interrupciones.
Luis Bañeres. Bilbao