Volver

El bloc del cartero

Angelicidas

Lorenzo Silva

No es la infancia, como ninguna edad, un estado de inocencia ideal, pero sin duda es la que mÔs cerca estÔ de serlo, y quienes en ella se hallan merecen gozar del amparo de quienes ya la hemos dejado atrÔs. Una buena prueba para examinar la validez de una causa es mirar la consideración que sus defensores otorgan a los niños. Cómo los anteponen, o no, a otras finalidades, y qué discurso son capaces de articular al respecto. La violencia desplegada contra niños por HamÔs el pasado 7 de octubre delata su iniquidad, y la soltura con que Israel los expone a sus bombas, como de forma desgarradora nos muestra un lector, devalúa la justicia de su respuesta. También ETA decía matar niños porque se los usaba como escudos humanos. Quienes condenan hoy, tras justificar aquello, se retratan solos

Newsletter

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

" antetitulo="

"]

Carta para la cartera

Antes, el cartero nos traĆ­a cartas; ahora, multas, notificaciones y paquetes que llegan y se ... devuelven; todo un reflejo de este tiempo: donde antes recibĆ­amos noticias que, por tardar, eran esperadas y celebradas, hoy llegan urgencias y desasosiegos. Esta ingrata labor, en nuestro barrio, recae en la cartera y, lejos de querer 'matarla' como emisaria cuando llegan los temidos certificados, todos la apreciamos. Somos un barrio de chalets de una pequeƱa ciudad. Como en tantos sitios, los vecinos apenas nos tratĆ”bamos. AsĆ­ fue hasta hace unos aƱos, cuando llegó ella. Con su cordialidad, fue tejiendo una red en la que dĆ­a tras dĆ­a –una pequeƱa charla, un recado para uno, una noticia de alrededor, un rato de corrillo– nos hizo cambiar a muchos el talante. Y ahora es normal que yo le riegue las plantas al de al lado, o que la niƱa del vecino nos timbre; no es que ella cambiara el mundo, pero echó la bola de nieve a rodar y fue suficiente. Y esta es mi carta para la cartera. No te la puedo enviar, pero ojalĆ” la leas: Ā«Querida cartera. Por mis aƱos, recuerdo los tiempos en los que por Navidad traĆ­as una estampita y os dĆ”bamos el aguinaldo; hoy ya eso no se estila, ni abrir la puerta y decir a la gente que pase. Pero lo que no ha cambiado es sentirse agradecido, y en este barrio lo estamos contigo: por tu buen hacer, por tu sencillez y sonrisa infatigable, por hacernos sentir mĆ”s humanos en unos tiempos frĆ­os. Tienes nuestro reconocimiento, nuestro cariƱo y nuestra puerta abierta; ya sabes, aquĆ­, junto a nuestros buzonesĀ».

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
SuscrĆ­bete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas mÔs ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Angelicidas

[]

Angelicidas