EL BLOC DEL CARTERO
Apagón
Mientras nos pertrechamos de linternas, pilas y demás suministros antipánico por si se produce un apagón eléctrico, poco probable entre nosotros, al menos a corto plazo, descuidamos la respuesta ante otro apagón que no es una hipótesis remota, sino una realidad cada vez más constatable. O eso opina al menos uno de nuestros lectores, que no teme que dejen de alumbrarnos las lámparas del techo, sino otra clase de luminarias a las que cada vez más ciudadanos, a su juicio, les vuelven la espalda. Se trata de la luz del conocimiento, la luz del sentido ético y solidario de la existencia, la luz de los principios sacrificados, una y otra vez, al interés y a la gratificación inmediata y narcisista. Quizá no sobre escuchar su advertencia. Quizá no es prometedor lo que estamos dejando que se haga de nuestro futuro.
Las cartas de los lectores
•'Babyboomer'
Los medios me han etiquetado. Soy un babyboomer. Y dicen que a la generación de nuestros hijos no les hace gracia 'pagar' nuestras pensiones... ¡ ... Vaya! La mayoría de nosotros llegaremos a los 67 años con una media de 45 años cotizados. Eso ha permitido (entre otras cosas) que nuestros padres se pudiesen jubilar y vivir con dignidad sus años postreros, sin dependencia económica (como sí nuestros abuelos) de sus hijos. Además de haber cotizado, mi generación, con gran esfuerzo, ha dado la vuelta a España como un calcetín. La mayor parte de nuestros descendientes ha tenido la oportunidad de subir peldaños socioeconómicos a través de los estudios. Ese 'ascensor' que solo funciona para quienes estén dispuestos a aprovecharlo. Y ahora esos mismos (nuestros hijos, sí) son los que nos ven como un problema… Pero, en esta partida, las mejores cartas las tenemos nosotros. ¡Ay, amigo! Una persona, un voto… Y los 'etiquetados' somos muchos. Y duramos bastante más que nuestros abuelos. Y tenemos más formación. Y, por tanto, más criterio. Y sobre todo sabemos qué NO queremos: que nos ninguneen. Nadie. Podemos quitar y poner gobiernos vía urnas. Aviso a 'navegantes'…
Patxi Rojo. Bilbao
•El gran apagón
Seré sincero: también me ha tentado llenar mi casa de linternas, camping gas, velas y alimentos no perecederos. Pero es extraño: esta vez no siento que se avecine una catástrofe. Sí me preocupa el gran apagón intelectual de España. Un apagón moral y cultural que sufren nuestros mayores, jóvenes y niños. Un apagón social y de solidaridad bien entendida que nos hace encerrarnos en nuestras casas sin ver si el vecino necesita ayuda. Me preocupa el miedo de nuestros mayores a quedarse solos en una sociedad donde los hijos están demasiado ocupados en el trabajo y en sus diversiones egoístas. Me preocupa el miedo que nos impide pensar y ser libres. Me preocupan las enfermedades creadas y las pandemias que merman una sociedad cada vez más sana, pero a la vez más enferma y solitaria. No guardaré ninguna linterna. Me bastan una vela o el candil de la abuela para leer un libro y una manta que abrigue mis piernas. No deberíamos temer el apagón eléctrico: es más peligroso el apagón social.
Manuel Aguilera Fernández. Albolote (Granada)
Las flores de Esther
Descubrí a María Esther en aquel banco, ajena a las flores que casi la cubrían: fresias, campanillas y madreselva. Separé las hortensias azules y blancas para sentarme a su lado, sin dudar sobre si querría o no que la interrumpiera. Aunque las gafas de sol le cubrían media cara, al ver que era ochentañera supe que aceptaría mi compañía: a esa edad casi nada sorprende. Pronto descubrí que en algo me equivocaba: en María Esther se acumulaban y superponían todas las edades. Como abuela, el tema de su nieta era inagotable. Pero había vivido tanto que ya completaba el giro, volvía a ser niña. Así me regaló su amistad deprisa, como solo lo hacen los niños y los sabios que ven que el tiempo se va. Le gustaban los 'cafés conversados' y hablar de política, sin acidez. No dudó de que el virus acabaría con su vida. Dos veces lo venció. De la tercera hace ya un año. Ha sido difícil sentarme después en su banco. Ya no hay flores, por lo visto nunca las hubo. Solo cuando ella lo elegía para sus días al sol. Aquellos días de sol.
Teresa Rivera Iglesias. Urduliz (Bizkaia)
Por qué la he premiado… Porque cultivar la memoria de las bellas personas es cultivar la belleza de la propia vida.