EL BLOC DEL CARTERO
Barricadas
Arden las barricadas en la noche barcelonesa. Las encienden los hijos de las más variadas insatisfacciones: muchos no tienen futuro, algunos no tienen problemas, otros ... no tienen escrúpulos. Son todos jóvenes, pero los impulsan ideas viejas: sobre naciones irredentas, sobre la liberación de los oprimidos, sobre la lucha contra el capital que siempre prevalece a pesar de las algaradas, gracias a ellas. Frente a ellos, tratando de hacer valer las leyes, padres y madres de familia con uniforme de policía, a los que no les dejan más salida que echar mano de la violencia legal que corresponde al Estado; siempre difícil de medir, siempre decepcionante. Unos y otros se la juegan, algunos salen heridos; por suerte, nadie muere. El poder culpa a los policías. El despropósito que no cesa. Ese afán de ir siempre a peor.
LA CARTA DE LA SEMANA
Estuvo la naturaleza trabajando para darle forma a este bello mar durante miles de años. ¡Mucho trabajo durante mucho tiempo! Y nosotros, los seres humanos, ¡todos!, unos más que otros, nos lo hemos cargado en poco más de medio siglo. Hemos logrado que, de ser un mar hermoso, lleno de vida, se convierta en un lugar donde hay que meterse, si se puede, tomando precauciones. Creímos que el mar Menor era un trastero donde se podían echar nitratos, sulfatos, enseres, barcos de motor, plásticos, residuos urbanos, pesticidas, salmueras, lodos y hasta la DANA, ¡maldita DANA!, ayudó a rematarlo echándole lo que no quería: agua y barro en abundancia, aceites de los coches y toda la mierda que arrastran las calles. El agua empezó a tomar mal color, le faltó oxígeno, aumentó el agua dulce, murieron las plantas de su suelo, subió el calor, aumentó el fitoplancton, el agua extremó su color y empezó a oler mal, hasta que el mar se hartó y aparecieron miles de peces y animales marinos muertos en las orillas... para terror de todos. Los peces se morían ante nosotros denunciando con sus ojos extraviados y sus bocas abiertas el mal tan terrible que les habíamos ocasionado. Como decía el Tío Pencho: ¡salvemos el mar Menor!
Cayetano Peláez, La Manga del Mar Menor (Murcia)
Por qué la he premiado… Porque hay desastres que son un aldabonazo insoslayable, aunque la actualidad nos lleve a estar más pendientes de otras cosas.
Encauzar la frustración
Alentar a una parte de la población para imponer su opinión a la otra no se llama precisamente 'democracia'. Llamar a la desobediencia civil no casa con la convivencia. Y dedicar el tiempo y los recursos a buscar cómo burlar la ley no se parece a un ejercicio de responsabilidad, y menos aún cuando se hace con dinero público. Además, es incoherente decir que se promueven movilizaciones pacíficas si nunca condenas a los violentos que las incumplen. Los catalanes son hermanos del resto de los españoles y, manipulados o no, muchos son víctimas de una frustración creada precisamente por aquellos que aún les prometen lo que saben desde hace mucho tiempo que no van a poder darles. Ahora se intenta encauzar esa frustración infligida hacia otro foco, bueno, en realidad el mismo de siempre. Y mientras tanto las movilizaciones y el desgobierno de Cataluña siembran consecuencias económicas negativas que, por supuesto, cuando broten, dirán una vez más que es culpa de un estado opresor que hace por ahogarlos económicamente para vengarse. ¿Acaso se podrá estirar esta farsa ilimitadamente?
Javi Blasco Sendra (Sevilla)
Fuego
Si pudieran escuchar un segundo. Si se alejaran del fuego cinco minutos. Si entendieran que esto no es un happening; si pudieran notar los hilos invisibles que les tiran de los brazos y quién los maneja… Rabia e impotencia por los falsos sueños y ternura arrebatados. Cuántos padres estarán en casa preocupados por la 'heroicidad' de sus hijos embozados en esteladas. Esos hijos que no doblan la espalda para hacer la cama, pero desperdician su mal entendida pasión para arrancar adoquines con los que agredir a la Policía. Miserables los que envenenaron a esta juventud con falsos caramelos.
Miserables los que inocularon el veneno inyectado desde las aulas, el miedo en la universidad para no sentirse marcado al que no se une a la 'lucha', o si no grita, si no insulta ni odia. Tristeza por estos jóvenes enfermos de rabia y porosos a los falsos ideales que perversos con traje dirigen desde los des-pachos mientras sus hijos están a buen resguardo. ¡Apretéu, apretéu! Pero que sean los hijos del pueblo, que no los míos.
María C. Fernández (Madrid)
Yo propongo
Cuando era un crío, en el aula había un gran panel de corcho con tres carteles. Rezaban: PROPONGO, CRITICO y FELICITO. Los viernes se leían los mensajes que íbamos dejando. Siempre abundaban los CRITICO y FELICITO. El PROPONGO quedaba huérfano semana tras semana. Me animé y colgué el primer post bajo ese cartel olvidado. Me dieron un premio, solo por eso, por proponer. Sin pretenderlo, fui precursor de una moda, hasta el punto de que llovían las propuestas, ganando por goleada a los pelotas y a los envidiosos. Hoy, haciendo uso de aquella acertada lección, hago lo propio, no buscando un premio, sino una reflexión: ¿por qué una parte de un Estado no puede decidir su futuro?; ¿por qué estirar sin más un conflicto?; ¿por qué no se informa a cada ciudadano de cuáles son las consecuencias de quedarse o preparar el macuto, en lenguaje mundano simple y con buena letra? Si se acuerdan las condiciones de la decisión de forma razonada, ¿dónde está el problema? ¿En la disolución de un Estado? Yo propongo que hagan otros ese trabajo previo, que no estén condicionados ni interesados. Y, luego, que cada cual decida. Otros ya lo hicieron. Y hoy, al menos, viven con el convencimiento de que eligieron su destino y adoptaron de buena fe las consecuencias, fueran cuales fueran. Vale más un Estado disuelto en paz que otro encorsetado y ardiendo.
Luis Bañeres (Bilbao)
Diálogo sin imposición
Objetivo conseguido. Nunca se ha pronunciado tantas veces en este país el nombre de una comunidad autónoma. Relevancia internacional a base de comportamiento pacífico. Barricadas en las calles, coches incendiados y cohetes apuntando a los helicópteros. Derribar el totalitarismo invocando al anarquismo de comienzos del siglo pasado. Extorsionando con tu idea a todo congénere que no piense como tú. ¿A qué recuerda esto de prohibir expresarse en un idioma, mostrar una bandera diferente a la tuya y marcar aquellos negocios que no estén a favor de la causa? Nunca se odia un poco, siempre es a tiempo completo. No habrá más solución que negociar o nos acabaremos haciendo daño. ¿Referéndum? Claro, con censo y todo. Pero, puestos a exigir, que plasmen las dos partes de la ecuación su parecer sobre este particular. Los oriundos que quieren irse y los foráneos de Cataluña que pueden estar o no de acuerdo con la secesión. Juego democrático, ¿no se trata de eso? Diálogo sin imposición. Pues, sin concordia y civismo, no traerá más que la involución a un nuevo duelo a garrotazos.
Óscar Camiño (A Coruña)
Derecho, sí, a tener perro
Yo te diré por qué tantas personas tenemos perro, y por qué no nos hace falta preguntarnos por qué lo tenemos. El perro es el mejor amigo del hombre, y esto no lo digo yo, es una certeza. El mío, mi perro, acaba de morir, se llamaba Boli, y ha estado con nosotros dieciséis años, dándonos cariño, compañía y amor incondicional, sin pedir nada a cambio, más que una caricia por nuestra parte; se los quiere como a uno más de la familia ¡porque lo son: uno más! Sin los animales y la naturaleza no somos nada, no somos personas. Ahora te pregunto yo: ¿por qué tú no tienes uno?
Ana Hernández Beltrán (Correo electrónico)
Miopía o ceguera
Los niños que ahora inician su escolaridad serán profesionales, crearán sus familias en 2045. La mayoría de las plantaciones, inversiones, investigaciones tecnocientíficas de hoy empezarán a dar algún resultado en tres, diez o quince años. Las medidas adoptadas sobre medioambiente o demografía en 2020 se hacen con el horizonte del año 2050. La creación de grandes infraestructuras requiere una década para culminarlas. Ciertamente, vivimos en la inmediatez para satisfacer nuestras ansias e impaciencias, la cultura de lo efímero. Pero los procesos importantes exigen su ritmo. Así sucede con la Política, con mayúscula, no con el politiqueo.
"Martin será recordado como un donjuán; Cristina ha pasado a ser un pendón desorejado"
Cuando las metas electorales se suceden en meses, las propuestas políticas no pasan del titular, la soflama y el tuit. Necesitamos serenar el debate para dar cabida a la reflexión que genere ideas, planes, políticas de largo alcance. Transitamos por un tiempo incierto y oscuro. Conviene, pues, usar las luces largas, la previsión, la planificación capaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes. Evitemos que nuestros políticos sufran miopía o caigan en la ceguera (en ocasiones por sus enormes egos). En ello nos va el futuro.
Pablo Rivero San José (Zaragoza)
Somos unos energúmenos
Desearía que los hechos que voy a comentar no sirvan solo para refrescar la memoria de quienes conocieron la historia real. En un pueblo de algo menos de setecientos habitantes ocurren las mismas cosas que en una ciudad de trescientos mil, pero en la proporción correspondiente. La única diferencia: en un pueblo se comparten intensamente todos los acontecimientos de sus vecinos. Una mañana se corrió la voz de que Martín (nombre ficticio), un atractivo joven de unos dieciocho años, primogénito de una modesta familia muy conocida en el pueblo, había sido sorprendido por el marido de (nombre también ficticio) Cristina, una señora respetable, en la flor de la vida, de muy buen ver, mientras ambos, Cristina y Martín, hacían el amor en el domicilio de ella.
La noticia corrió como la pólvora. Han pasado ya muchos años, pero la memoria colectiva no olvida. Hoy, tras algún tiempo, me he cruzado con Martín y, sin pretenderlo, me he sonreído al revivir la posible imagen que descubrió el marido de Cristina. Después, me he sentido mal. Y me preguntaba por qué somos tan injustos y estúpidos. Queramos o no reconocerlo, para la mayor parte de nosotros, Martín será recordado como un donjuán, mientras que Cristina ha pasado a ser considerada un pendón desorejado. Su familia se mudó después de aquello. No sabemos qué ha sido de ellos… Podemos atribuirnos, como pueblo, todos los apelativos favorables que nos ofrezca la RAE, pero mientras sigamos reaccionando de esta forma en estas situaciones seremos una sociedad destructiva de energúmenos y tendremos ante nosotros un largo camino de educación y respeto.
Fernando Estévez