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El bloc del cartero

Beligerantes

Lorenzo Silva

Cuando una guerra estalla –y se prolonga–, resulta difícil no dejarse arrastrar a una posición beligerante. Bien mirado, más que difícil resulta imposible. Incluso quien se dice neutral está tomando partido: por quien parte con ventaja en los pronósticos. Y si ocurre, como suele, que una de las partes ha lanzado la agresión sobre la otra, hacer abstracción de ese detalle equivale a convalidarla. Hay que resignarse, en fin, a aceptar que esta condena a la beligerancia es uno de los muchos males de la guerra. Cómo no comprender la rabia que inspira nuestra carta de la semana y que pone el acento en las mentiras que el agresor ha desplegado para justificar lo injustificable. Sin embargo, en las guerras la verdad siempre es escurridiza. Dudar de todo y de todos es regla de buen juicio para no acabar contribuyendo a los estragos.

Putin no es un demonio

No soy capaz de afirmar rotundamente que Vladímir Putin es el padre de todos los males; mi espíritu crítico me obliga a dudar: a dudar ... de la OTAN, del Kremlin, de Washington, de la OMS, de la ONU, de la Unión Europea, de BlackRock, de Vanguard; también dudo de multimillonarios fabricantes de armas, balas y misiles con los que jóvenes soldados temerosos disparan. Matan y hieren obedeciendo, pero con temblor de manos y piernas, enjugándose las lágrimas con la bocamanga, vomitando. Estas organizaciones supranacionales y empresas armamentísticas son hormigas reinas que arengan a las hormigas guerreras y obreras con frases patrioteras y vehementes o para infundir terror, para que estas obreras recojan todos los pulgones posibles para poder ordeñarlos en sus hormigueros; después, aquellas las envían a otro escenario de batalla: a invadir otro hormiguero cercano; desean pulgones, muchísimos pulgones; pero sus dulces jugos, transformados en oro, dólares, euros, yuanes, expansión, poder, van todos a las cámaras reales, al fondo inescrutable del hormiguero. Estos dueños del mundo duermen a pierna suelta, sin remordimiento de conciencia; los bebés del Este duermen igual, pero en los búnkeres antiaéreos, calentitos, en los brazos de sus sollozantes madres. Finalizo instando a todos ustedes a dudar de todo lo que lean, vean y oigan; seamos pequeños 'Descartes' para lograr un verdadero espíritu crítico.

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