EL BLOC DEL CARTERO
Brecha
Se insinúa en nuestra sociedad una grieta preocupante que ya ha asomado en otras ocasiones a las cartas de los lectores. Es la que cada ... vez más separa a las nuevas generaciones de las precedentes, abriendo abismos de incomprensión y a menudo un resquemor cruzado que, si no se afronta, puede convertirse en resentimiento. La provocan las penurias de vivienda y trabajo de los jóvenes, los cambios culturales que incomunican a unos con otros, la sensación de los mayores de que no se los valora ni respeta como ellos hicieron con sus padres. Y ahora nos llega el coronavirus, que amenaza gravemente a unos y al que otros se creen poco menos que inmunes. Como apunta un lector, la grieta, con este motivo, se convierte en brecha. O recobramos la solidaridad entre todos, o el futuro pinta muy feo.
LA CARTA DE LA SEMANA
Drama bufo
De tan distorsionada, la discusión sobre la vuelta al cole parece ya estéril. Un drama, pero bufo. Aparecen unos primeros padres, numerosos, preocupados solo por que sus hijos no se queden en casa. Los segundos, silenciosos, tienen miedo de llevar a los suyos al colegio. Unos políticos cruzan abrazados a una bandera que reza 'Presencialidad'. Son los mismos que hace meses bendecían la enseñanza on-line. Una ministra parece escribir 'semi-' en la bandera. Unos sindicatos, en Madrid, convocan huelga. Al fin. Aplausos. Comparece su presidenta quejándose de que no han esperado a conocer su plan. Precisamente. Ese es el motivo de la huelga. Los profesores no salen hasta la quinta escena. Los colegios se defienden: ellos no contagian. Estudios, detrás, asienten. Unos jóvenes, al fondo, de botellón, ríen despreocupados. Alguien llora. Es Educación. Unos niños corretean jugando con las mascarillas a modo de tirachinas. En el centro, Opinión Pública, desconcertada. Sale. ¿No hubiera sido el comienzo plantear que un profesor estuviera, máximo, con diez alumnos, a lo que hoy se restringen los contactos, y a partir de ahí buscar el modo de llevarlo a cabo? Comienza el segundo acto.
Pablo Ijalba Pérez. Tudela (Navarra)
Por qué la he premiado… Por el ingenio dramático y por la ingenuidad demoledora de la pregunta final.
Brecha insolidaria
Resulta paradójico que en estos tiempos quienes más perspectivas de vida tienen son quienes más prisa muestran por vivir y no dejar para mañana la fiesta que puedas hacer hoy, pese a correr tremendos riesgos de contagiarse y contagiar. Mientras, la mayoría de las personas mayores cumplen y acatan las decisiones del Gobierno en unas condiciones a veces inhumanas. Da la sensación de que a un gran porcentaje de jóvenes y no tan jóvenes el virus no les va a afectar, y así actúan, como si no existiera. Gran parte de una generación que hizo posible la predicción de Alfonso Guerra en el 81, que este país cambiase tanto que no lo conoce ya ni la madre que lo parió, está hoy en una situación de miedo y abandono a su suerte. Como siempre, hay honrosas excepciones y sería injusto generalizar. Pero, desde el punto de vista de alguien de 65 años, es muy triste ver cómo todas las ilusiones y expectativas a las que tienen derecho se van hundiendo en el día a día con las noticias de los medios. Nunca hubo una brecha tan grande de insolidaridad entre generaciones. Por probabilidades, lo que un joven no realice este año lo podrá hacer más adelante; lo que un mayor no realice este año quizá no lo podrá hacer nunca.
José Luis Ultra Arellano. Tudela (Navarra)
Resulta curioso
Lo que una corta distancia kilométrica puede cambiar hábitos y formas de vida cotidiana... Tal es el caso de Hondarribia e Irún, localidades del triángulo transfronterizo de la bahía de Txingudi, con la localidad francesa de Hendaia. El uso de mascarilla en Hondarribia e Irún es obligatorio; en Hendaia, solo lo aconsejan en los paseos de la playa y en locales cerrados. Pero si ustedes pasan la frontera un día de fiesta o de labor, mientras en la zona vascoespañola la gente invade paseos y comercios, en Hendaia la población se ha encerrado en sus casas y las calles están vacías. Es digno de destacar que tres poblaciones próximas tengan hábitos y formas de vida diferentes, ni mejor ni peor, pero en la situación que estamos viviendo tal vez los hábitos y formas de vida francesa sean mejor remedio.
Juan Carlos Audikana Hueda. Vitoria-Gasteiz
El estudio
Realizar un buen diagnóstico médico o liderar una eficaz y creíble estrategia para una pandemia se consigue con años de estudio, observación y preparación. Por el bien de todos conviene que las personas que se dediquen a estos menesteres sean las más inteligentes de entre nosotros. Pero mal van a dedicar su tiempo y esfuerzo si su remuneración es ligeramente superior o inferior a la de profesiones para las que no se necesitan quince años, mínimo, de preparación. Si dejamos las decisiones en manos de opinadores gritones y aficionados voluntariosos, no nos quejemos de las consecuencias. Todo esto podría aplicarse a otras muchas áreas de conocimiento. A ver si alguna vez en España prestigiamos, remuneramos y estimulamos el estudio, aunque 'solo' sea porque en ello nos va la vida.
Miguel Ángel Segarra Recacha. Madrid
Cita a ciegas
Sentada al borde del acantilado de agosto, abatida y resignada a saltar al precipicio de septiembre sin paracaídas. Así estoy. Así estamos muchos docentes: dejándonos invadir por una actitud indolente que nos conducirá irremediablemente al despeñadero. Hemos recorrido escarpados parajes los últimos meses y estamos a punto de comenzar nuevas y peligrosas aventuras. Podríamos englobar el nuevo curso en un proyecto que se llame 'Descubrimientos', porque define lo que nos puede esperar quizá a partir de la vuelta a las clases: dificultades de toda índole, soluciones improvisadas, insomnio, inseguridad, nuevas estrategias pedagógicas, alguna que otra esperanza en el horizonte, y todo ello mientras buscamos nuevos cauces de afecto con nuestros alumnos, sin contacto físico, hasta ahora inexplorados. En este desafío vamos a necesitar la colaboración desinteresada de los padres, porque desde los despachos vendrán más palos de ciego. Todos a una por nuestros niños, esta será una excelente oportunidad para darles una lección de vida. Los maestros tenemos con el curso 2020/2021 una cita a ciegas. Espero que las flechas de Cupido no estén envenenadas.
Maribel Núñez Arcos. Badajoz
Danza macabra
Avanzamos a pasos agigantados hacia nuestro destino final, la extinción. La mítica torre de Babel se sigue representando a lo largo de nuestra historia como especie. Lo vemos en la actitud irracional de jóvenes que despreciando las medidas más elementales de seguridad corren el riesgo de contagiarse y de propagar el coronavirus, a pesar de haber vivido un confinamiento, una recesión económica que se avecina y un número todavía indeterminado de víctimas mortales. Esta danza macabra se ve acompasada por los tambores políticos que las más de las veces alientan el pensamiento tribal en ese esfuerzo suicida del divide et impera. Una verdadera pena que hayamos olvidado que la humanidad nació con la cooperación, de la solidaridad. Desgraciadamente, cuanto más desarrollo tecnológico tenemos, más faltos estamos de humanidad, de solidaridad, de empatía. Estaba en lo cierto Lev Tolstoi cuando afirmaba que había comprendido que su bienestar solo era posible cuando reconocía su unidad con todas las personas del mundo, sin excepción.
Juan Fernando Ramón Sánchez, Torremayor (Badajoz)
Por qué nos enfadamos
Siempre hay algún motivo para enfadarse. Durante alguna época de mi vida estuve enfadado y harto de todo y de todos, nada me satisfacía, todo me daba la espalda, hasta que dije basta. Empecé a levantar el vuelo solo, para no estar harto de nada y para que nadie me diera asco. Me refugié en el arte, en la música y en el flamenco. Me olvidé de todos los sentimientos negativos, de la ira, del odio, del miedo, del resentimiento y del deseo de venganza. Por eso quiero seguir viviendo sin estar enfadado con nadie. En el tiempo que me queda de vida y mientras esté aquí, no perderé el tiempo lamentando lo que fue o preocupándome por lo que será. Y si tengo ganas de beber vino todos los días con mi familia y con mis amigos, lo beberé, porque son las personas que me ayudan a mover mi corazón. He visto a mis padres y a muchos amigos abandonar este mundo demasiado pronto. Antes de darme cuenta de la gran libertad que conlleva el envejecimiento. Por supuesto, a lo largo de los años mi corazón está gastado y roto. Los corazones rotos nos dan fuerza, comprensión y grandeza por lo vivido y lo sufrido. Un corazón que nunca ha sufrido es estéril, está vacío. Nunca conocerá la alegría de amar y de vivir en libertad. Tengo la suerte de haber vivido mis alegrías y mis sufrimientos para tener mi cabello gris y mi risa grabada para siempre en los surcos de mi cara. Ya no me cuestiona nadie. Me gané el derecho de estar equivocado. Me gusta envejecer porque no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad. Y por eso me gusta la persona en la que me convertí. Sin enfadarme...
Máximo de la Peña Bermejo
Lean y debatan
A raíz del caso Corina Larsen y del debate sobre la monarquía, veo que muchos desvían la mirada hacia la Segunda República para criticarla y así poder alabar la modélica Transición española, y ya de paso a Juan
Carlos I y la monarquía. Una Transición que por cierto hicieron muchos, no solo Juan Carlos I y Suárez; una Transición que, además, se hizo en un contexto muy complejo, con el riesgo continuo de un nuevo levantamiento militar. Y Transición que, por lo tanto, también tiene sus luces y sus sombras, no queriendo con esto deslegitimarla y sí ponerla en su justa medida. A lo que iba, muchos aprovechan para atacar a la Segunda República. Un periodo complejo, con sus errores, con sus agitadores y sus problemas varios (lean en los libros), pero una República con una constitución que recogía la mayor parte de los derechos que fueron recogidos después en la Constitución del 78. Por ejemplo, el voto femenino. Nuestra actual Constitución bebe directamente de aquella, republicana. A los que se empeñan en situar la República como un borrón más en la historia de España, lean, échenle un vistazo a la Constitución republicana y recuerden lo que vino después, un golpe de Estado, una guerra y una dictadura de cuarenta años con cientos de fusilados todavía en las cunetas de esta desmemoria que muchos se empeñan en seguir defendiendo. Lean. Y debatan y defiendan la monarquía parlamentaria si es lo que piensan, pero no manipulen la historia a su gusto.
Jesús Martín Ostios. Málaga