El bloc del cartero
Calores
Tras los casi 47 grados que San Lorenzo le infligió este aƱo a Valencia āhaciendo como nunca honor a su fama y a la parrilla de su martirioā, se les pone un poco mĆ”s cuesta arriba a los negacionistas del cambio climĆ”tico su particular mantenella y no enmendalla, pero, como nos sugiere un lector, ya encontrarĆ”n la manera de no darle mucha importancia a esta como a otras flamĆgeras novedades. Parece que los seres humanos viven condenados a la discordia, incluso sobre aquellos asuntos que ataƱen a su comĆŗn supervivencia y que no deberĆan ser objeto de disputa, en tanto que ignorarlos tan solo conduce al quebranto colectivo. HarĆ” falta, por tanto, mĆ”s paciencia, mĆ”s conocimiento y mĆ”s persuasión. Y tambiĆ©n que las soluciones āsi las hay, a estas alturasā sean mĆ”s equitativas y mĆ”s aceptables para todos.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Negacionismo
A los negacionistas del cambio climĆ”tico les parecerĆ”n de lo mĆ”s normales las tórridas temperaturas ... sin precedentes, el calentamiento anormal de las aguas de nuestras playas o los desoladores incendios que estĆ”n asolando el mundo. Tal vez no quieran ver que en los Ćŗltimos veinte aƱos las muertes por calor han aumentado un 95 por ciento en Europa y que EspaƱa es el paĆs europeo con mayor riesgo de muerte por dicha causa. Seguramente, tambiĆ©n esas personas soporten mejor las abrasadoras noches tropicales que padecemos (al amparo de un potente aire acondicionado), dispongan de piscinas en sus residencias y se desplacen por las carreteras con vehĆculos de alta gama y todo tipo de prestaciones. Pero la realidad es la que es, y o los paĆses en su conjunto toman medidas drĆ”sticas al respecto o un ominoso futuro nos espera.
Francisco José Eguibar Padrón. Madrid
Vacaciones en casa
Este aƱo habrĆa querido hacer un crucero por el Nilo para conocer los templos faraónicos de Egipto. Otra opción hubiese sido el desierto de Marruecos y asĆ dormir en una jaima bajo un cielo plagado de estrellas y tomar un tĆ© de menta mientras contemplo una puesta de sol en uno de los rincones mĆ”s bonitos del mundo. Finalmente, por varios motivos, permanecĆ en casa y decidĆ: 1. Madrugar un poco menos y olvidarme del despertador. 2. Descansar mĆ”s y acostarme mĆ”s tarde. 3. Hacer muchas videollamadas porque reducen la sensación de soledad. En resumen, pasar las vacaciones en casa puede ser muy divertido. GocĆ© de la naturaleza y de mi ciudad y, lo mĆ”s importante, descansĆ©.
Manuel JosƩ Carral Franco. A CoruƱa
SĆ, derechos humanos
Yo he visto cosas que vosotros no creerĆais. He visto un lugar donde la gente no envejece en soledad. Donde cada uno aporta segĆŗn sus capacidades y recibe segĆŗn sus necesidades. He visto a jóvenes abrazados a las ganas de vivir, en cuyos labios jamĆ”s se pronuncia la palabra 'suicidio', jóvenes que no se preocupan por su imagen en las redes, que no entran en una sala de apuestas ni integran manadas ni graban agresiones. He visto a niƱos, niƱas y jóvenes que no temen ir al colegio ni pasear por la calle. He visto gente dirimiendo civilizadamente sus diferencias, parejas refractarias a la posesión, la dominación y la violencia, personas que viven sana y libremente segĆŗn sus ideas, sus elecciones personales, sin etiquetas discriminatorias, sin importar origen, raza, sexo, creencias o condición, sabiendo de antemano que son aceptadas, respetadas, queridas. Yo he visto esas cosas escritas en una Declaración Universal firmada en ParĆs en 1948. Creo en ellas, como quienes leen, acaso, estas lĆneas. Y no podemos verlas, setenta y cinco aƱos despuĆ©s, diluidas como lĆ”grimas en la lluvia, como unas letras borrosas en un simple papel mojado.
AndrĆ©s MuƱiz GarcĆa. Alicante
¿Quién discrimina a quién?
El Tribunal Constitucional acaba de derogar un artĆculo de la ley de instituciones locales de Euskadi en el cual no se permitĆa la comunicación documental en castellano entre miembros de los consistorios vascos, salvo Ā«alegación vĆ”lida de desconocimiento del euskeraĀ». Es decir, que cualquier trabajador que deseara la comunicación en castellano, no podĆa recibirla en caso de conocer el idioma vasco. Entonces, ĀæquiĆ©n discrimina a quiĆ©n? El nacionalismo vasco, en bloque, no ha tardado en salir en tromba en contra de esta medida 'discriminatoria' para el euskera... pero la realidad es que en este caso el Ćŗnico discriminado es el castellano. No hay razón alguna para eliminar la comunicación en esta lengua si asĆ lo deseara cualquier empleado consistorial. Tenemos dos lenguas oficiales, el castellano y el euskera, por lo que estĆ” fuera de lugar arrinconar a ninguna de ellas, que no tienen ninguna culpa de nada. Basta ya de victimismo nacionalista, dejen que cada cual utilice el idioma que crea conveniente. Como dijo ya hace mucho tiempo el insigne Koldo Mitxelena: Ā«El castellano tambiĆ©n es el idioma de los vascosĀ». AsĆ sea.
Juan Carlos AlmazÔn. Correo electrónico
No daƱar a nadie
El escritor Stefan Zweig, testimonio excepcional de la Europa del primer tercio del siglo XX, vivió al inicio con gran esperanza y al final con una profunda decepción. El caso es que Zweig llega a la conclusión de que solo poniéndose de todo corazón al servicio de alguien serÔ libre y no perjudicarÔ a los demÔs. Pero ¿realmente es posible vivir sin hacer daño a nadie? Evidentemente, cualquier acto humano trae consigo consecuencias en la vida de otros, y a veces les afecta negativamente. No dejamos de ser sociales y la convivencia resulta inevitable y a la vez necesaria. Vivimos en relación, para bien y mal. Recibimos mucho los unos de los otros y nos influimos positivamente. Pero también nos hacemos daño, a menudo involuntaria e inconscientemente. Y hay que evitarlo tanto como sea posible, sabiendo que seguramente nunca lo conseguiremos del todo.
Martà Mancilla Muntada. Correo electrónico
Por quĆ© la he premiado⦠Porque cuĆ”nto mejor nos irĆa si este āalterum non laedereā fuera, en lugar de carpe diem, el latinajo mĆ”s conocido.