EL BLOC DEL CARTERO
Gorbachov
Rinde nuestra carta de esta semana a Mijaíl Gorbachov el homenaje que en la hora de su muerte le han negado las autoridades del país que gobernó y cuya historia cambió de manera sustancial. Ha tenido la mala suerte, compartida con el resto de los rusos, de que la valoración oficial de su legado y su memoria la rija un oscuro exespía con rasgos megalómanos, humanidad escasa y una visión más bien roma y elemental de la acción política. Quien solo ve vasallos o enemigos no está capacitado para admirar a alguien que supo aceptar que la mentira es mal pilar para sostener el edificio de una sociedad. Ese era el mal del sistema soviético, pero no deja de serlo tampoco de nuestro capitalismo contemporáneo, como él mismo señaló. Ahí está Putin, que tan bien ha sabido aprovechar sus corruptelas, para demostrarlo.
Cartas de los lectores
Los mismos errores
Para el padre de la Historia, Heródoto, la culpa de las calamidades históricas no ha sido de los seres humanos. Nos lo relata Irene Vallejo ... en su maravilloso libro El infinito en un junco: son tres los elementos de los infortunios de las personas. De un lado, es la educación una de las raíces de las adversidades, como lo estamos viendo en la España democrática al llevar ocho leyes educativas, sin que ninguna de ellas haya dado solución a los problemas presentes, y mucho menos a las del futuro, porque seguimos sin tener una enseñanza de calidad en un mundo digital. En segundo lugar, son las costumbres, al creerse todas las comunidades de humanos superiores al resto. Hoy tenemos bastantes problemas comunes a nivel planetario, pero seguimos con el uso y las costumbres de las divisiones administrativas y fronterizas, donde rigen normas locales a problemas globales; un ejemplo lo tenemos en el clima, escasez de agua y medio-ambiente. Por último, Heródoto culpa al sistema político en el que le ha tocado vivir. Lo estamos viendo, tanto en los sistemas autocráticos como en los democráticos, todos ellos incapaces de solucionar los problemas y demandas de la sociedad. Una vez más, continúan vigentes muchos de los males de hace 2500 años. Tal vez, los dirigentes deberían leer a los clásicos para darse cuenta de que siguen cometiendo los mismos errores que sus antecesores.
Pedro Marín Usón. Zaragoza
El respeto
Uno más de entre muchos viandantes que cruzan una calle más de entre muchas en un paseo tardío espoleado por el calor reinante en casa. Andando por una calle peatonal, observo que un grupo de casi adolescentes le han quitado una riñonera a otro casi adolescente a todas luces musulmán, digo a todas luces porque justo al lado había una tiendecita de estas que hacen bocadillos de jamón serrano y uno de los simpáticos chavalotes se le ha ocurrido gritar entre risas: «Vamos a tirarle un bocadillo de jamón». Ante la carcajada grupal y visto que no lo hace ningún otro de los muchos viandantes, decido intervenir pidiendo la susodicha riñonera y que cada cual siga por su lado. Imaginen mi cara cuando el pobre agredido me grita, más cerca de mi persona de lo que me gustaría, que me calle la boca y me largue a tomar por semejante sitio. En un momento, me vi abucheado cual gallo perdedor de pelea en un círculo de energúmenos barbilampiños, hasta que riéndose del que les escribe y aburridos de ver a un simple peatón como ratón enjaulado se fueron descojonados de la risa. Siempre he sido amigo del buen humor y el pasarlo bien, pero no a costa de perder el respeto que imponía un adulto, un profesor. Esta simpática (para ellos) y horrible (para mí) anécdota me hace ver que ya apenas nadie se levanta ante un anciano en un autobús, que nadie hace caso ni respeta –y sí, en cambio, humilla– a profesores y autoridades. Vivimos en un mundo de miedo a nuestras calles oscuras, a vecindarios de adolescentes pandilleros, música que los jalea con letras sacadas de una mala película X. En fin, no defiendo el autoritarismo de antaño, pero el respeto sí, empezando por uno mismo y a los demás.
Daniel Marzo Domínguez. Zaragoza
Mundo rural
Regina ha vivido siempre cerca de los árboles y de la cuesta del Picarzuelo. Hasta hace poco tuvieron ganado y lo llevaba a pastar a las Cabrías. El ganado cuidaba el monte y ella con su transistor seguía la actualidad y el almuerzo sabía mejor cerca del tomillo y del espliego. Y plantaba árboles el día que nacían sus nietos, y ahora el caminito a la ermita luce con un pruno, un manzano, una morera y un árbol del paraíso; y aunque haya más formas de llegar a la Virgen de Loreto, la calle de Regina es mi preferida para ver cómo van creciendo los árboles de Laura, Diego, Carlos y Pablo. Y con las patatas del huerto, los tomates, pepinos y con los huevos de casa, el invierno se lleva mejor. Aunque dicen que el invierno ya no es lo que era en Teruel, que antes sí llegaba de verdad. Y con Manuel sale a pasear cada tarde por Cubla, porque siguen siendo cada día un poquito novios, aunque este mes de septiembre hagan cincuenta y ocho años de casados. ¡Muchas felicidades!
Arantxa Solís Quílez. Valencia
Gorbachov
El padre de glásnost, de la liberalización, de la apertura y transparencia, de la perestroika, de la reconstrucción del socialismo, de su dinamización, el Nobel de la Paz en 1990 supo ejercer su liderazgo con el diálogo, su carisma, su distendida naturalidad, su eterna sonrisa, su cortesía. Sustituyó con el entendimiento la confrontación por la negociación. Fue un Quijote moderno que enfrentó con serenidad y valentía su destino. Que puso fin a la Guerra Fría, redujo el riesgo de choque nuclear, contribuyó a la reunificación de Alemania, acabó con la invasión soviética en Afganistán. Que cambió el rumbo de las relaciones entre Este y Oeste. Que se granjeó la amistad de muchos políticos. Afirmó que la desigualdad social socavaría con el tiempo la legitimidad del sistema capitalista como la falta de libertad se comería el comunismo por dentro. Su mandato contrasta con la deriva de Putin. Con un régimen caracterizado por la desigualdad, la corrupción y la represión, por la insensata invasión de Ucrania, el corte de gas a Europa y el rearme belicista. Hoy necesitamos estadistas pacifistas de la talla del hombre de la mancha de vino en la frente. Merece nuestra gratitud y el recuerdo emocionado que no se le ha dispensado en Rusia.
José María Torras Coll. Sabadell
Por qué la he premiado… Por el inventario de unas virtudes que lo fueron y lo son, aunque hoy ya casi nadie lo crea.