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El bloc del cartero

Hombría

Lorenzo Silva

Merece la pena leer despacio nuestra carta de esta semana. Nos la escribe alguien que ha sido testigo de la historia, la amarga y trágica historia que no hace tanto era la nuestra. Alguien que conoce lo que hemos sido, lo que muchos han olvidado, lo que los jóvenes ni siquiera imaginan. Entre otras cosas, la guerra que siendo solo una niña le tocó vivir. No derrocha las palabras, usa las justas para trasladarnos la pregunta que entonces como ahora corresponde: cuán hombre es quien decide, bien a salvo, la destrucción de otros. La pregunta alcanza también a las reflexiones de alguna otra carta. Cuánta hombría se necesita, y no se ve, en esas mesas llenas de varones y vacías de alternativas a la vieja y triste historia. O en esos chavales que, sin ya serlo, todavía no han aprendido a no pisotear la voluntad ajena.

Cartas de los lectores

Un paso para adelante, dos pasos para atrás

Estamos hartas. Hace unos días un streamer abrió el camino de la esperanza entre sus jóvenes seguidores con la mejor técnica para ligar: esperar a ... que la chica esté borracha y privada de sentido para llevársela. Asco, tristeza, náuseas, repugnancia, enfado, grima, indignación. ¿Sigo? Hace un par de días tuve, además, una discusión con unos amigos tras escucharlos quejarse de que no ligaban debido a que tienen más dificultades para hacerlo que las chicas. Seguimos estando hartas. Ya vale de echar la culpa de los problemas personales al resto de la gente. Si no ligas, es tu problema, haz un ejercicio de autocrítica y localiza la causa. El día que jugaron el Real Madrid contra el Chelsea su partido de Champions League recibí un mensaje de una amiga. Estaba viendo el partido con los gritos de indignación de sus amigos de fondo: nunca los había visto sufrir tanto. Entre los ladridos, escuchó un «para que luego las mujeres digan que los hombres no tenemos sentimientos». Es verdad, perdónanos. Es nuestra culpa no haber sido capaces de encontrar tus sentimientos en la montaña de cosas que nos repugnan. Parece que continuaremos estando hartas. Sabemos que «era solo un comentario; no te enfades, chica». Pero las palabras duelen, y terminan entrando en el subconsciente de los jóvenes cerebros, moldeándolos y guiándolos a llevar a cabo acciones en las que el consentimiento mutuo brilla por su ausencia.

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