El bloc del cartero
Hombría
Merece la pena leer despacio nuestra carta de esta semana. Nos la escribe alguien que ha sido testigo de la historia, la amarga y trágica historia que no hace tanto era la nuestra. Alguien que conoce lo que hemos sido, lo que muchos han olvidado, lo que los jóvenes ni siquiera imaginan. Entre otras cosas, la guerra que siendo solo una niña le tocó vivir. No derrocha las palabras, usa las justas para trasladarnos la pregunta que entonces como ahora corresponde: cuán hombre es quien decide, bien a salvo, la destrucción de otros. La pregunta alcanza también a las reflexiones de alguna otra carta. Cuánta hombría se necesita, y no se ve, en esas mesas llenas de varones y vacías de alternativas a la vieja y triste historia. O en esos chavales que, sin ya serlo, todavía no han aprendido a no pisotear la voluntad ajena.
Cartas de los lectores
Un paso para adelante, dos pasos para atrás
Estamos hartas. Hace unos días un streamer abrió el camino de la esperanza entre sus jóvenes seguidores con la mejor técnica para ligar: esperar a ... que la chica esté borracha y privada de sentido para llevársela. Asco, tristeza, náuseas, repugnancia, enfado, grima, indignación. ¿Sigo? Hace un par de días tuve, además, una discusión con unos amigos tras escucharlos quejarse de que no ligaban debido a que tienen más dificultades para hacerlo que las chicas. Seguimos estando hartas. Ya vale de echar la culpa de los problemas personales al resto de la gente. Si no ligas, es tu problema, haz un ejercicio de autocrítica y localiza la causa. El día que jugaron el Real Madrid contra el Chelsea su partido de Champions League recibí un mensaje de una amiga. Estaba viendo el partido con los gritos de indignación de sus amigos de fondo: nunca los había visto sufrir tanto. Entre los ladridos, escuchó un «para que luego las mujeres digan que los hombres no tenemos sentimientos». Es verdad, perdónanos. Es nuestra culpa no haber sido capaces de encontrar tus sentimientos en la montaña de cosas que nos repugnan. Parece que continuaremos estando hartas. Sabemos que «era solo un comentario; no te enfades, chica». Pero las palabras duelen, y terminan entrando en el subconsciente de los jóvenes cerebros, moldeándolos y guiándolos a llevar a cabo acciones en las que el consentimiento mutuo brilla por su ausencia.
María Tello Santacana. Pamplona
Un mundo más rico
«La Organización de las Naciones Unidas reclama más presencia de mujeres para liderar la búsqueda de soluciones al cambio climático y medidas para la adaptación al calentamiento global», leí hace unas semanas. Nos hablan de que las formas de liderar de hombres y mujeres son diferentes. Del impacto positivo y enriquecedor que tiene incorporar mujeres en los puestos directivos de las organizaciones, de las soluciones que aportan con perspectiva de género, de la inteligencia emocional, de la lucha contra la precariedad y el clasismo, de la reivindicación del cuidado de las personas y de la tierra; en definitiva, de que el género aporta valores de la diversidad. Pensando en todo esto, veo a diario reuniones de los miembros de defensa de los países de la Unión Europea, líderes de las Naciones Unidas, gobernantes de países diversos... La lista es larga y tiene un protagonista común: el género masculino. Defiendo, al igual que la ONU, un mundo en el que más mujeres gobiernen los países, gobiernen las organizaciones; un mundo con más perspectiva de género, más rico de ideas, de formas de pensar, de procedencias; más abierto e integrador, más diverso. Defiendo ese mundo que aporta más y mejores soluciones, en el que no vale un pensamiento único, pues es más diverso. ¡Un mundo en paz!
Sabrina Cabrera García. Arrecife (Lanzarote)
No puedo
Ya no puedo ver más imágenes de la guerra en Ucrania: los asesinatos, las violaciones, los bombardeos…Todo es inhumano. Me informo, pero no puedo con el dolor de tanta pobre gente. Ojalá acabe la guerra pronto. ¿En qué están pensando los rusos liderados por esa alimaña de Vladímir Putin? Y, mientras, nosotros los ciudadanos de 'a pie' intentamos ayudar –al menos la mayoría– en la medida de nuestras posibilidades. Hay que seguir haciéndolo. Una amiga de una amiga mía va a acoger a una familia en su casa. Me ha dado todo un ejemplo de altruismo. Enhorabuena a la gente que como ella lo ha hecho. Y espero que España siga siendo el ejemplo de generosidad que siempre nos ha caracterizado en los momentos de necesidad. Sigamos así. Y pido a todos los católicos que no dejemos de acordarnos de ellos en nuestras oraciones. Y a las personas famosas que se unan, que son un colectivo visible que influye mucho en la gente: actores, cantantes, periodistas, escritores… Muchas gracias por dejarme expresar todo esto que siento. Estoy realmente desolada y descolocada. Nada más.
Mónica Rubio Ochoa. Valencia
Ucrania y Europa
El hecho de que Europa esté financiando una guerra en la que se castiga a un país por querer vivir en democracia es algo que debería hacernos reflexionar. Tal vez tenga algo que ver que, queriendo salvar el planeta y mejorar el mundo, hemos dado prioridad a diversas ideologías por delante de la defensa de nuestro sistema político de libertades. Como efecto de ello, hemos renunciado a utilizar nuestros recursos naturales, cerrado centrales nucleares, reducido cultivos y ganadería, penalizado el uso de energía, expulsado industrias y limitado gastos en Defensa; todo lo cual nos ha llevado a poner nuestras economías y nuestra seguridad en manos de países enemigos de la democracia. En mi opinión, sin menoscabar la gravedad del cambio climático y la importancia de otras cuestiones que nos preocupan, los países occidentales deberíamos defender, ante todo, nuestro modelo y valores de la democracia liberal; aunque solo fuera porque en un mundo de dictaduras, conviviendo entre tensiones, alianzas y guerras, nuestras prioridades de ahora caerían en el olvido. El sueño de los autócratas o aspirantes a serlo es ver cómo los regímenes liberales se suicidan en aras de un fundamentalismo verde.
Francisco López Gomáriz. L'Hospitalet (Barcelona)
La demografía
En el año 1975, España tenía una tasa de natalidad del 18,7 por ciento y un índice de fecundidad (número de hijos por madre) de 2,77. En 2000, los datos eran: natalidad, 9,78 por ciento; y fecundidad, 1,21. Y, por último, en 2020: natalidad, 7,19 por ciento; y fecundidad, 1,19; la fecundidad de reemplazo, para que la población se mantenga estable, tiene que ser de 2,1. Por otro lado, la pandemia ha bajado la esperanza de vida en 1,5 años, reduciendo la longevidad a 82,4 años. España es el segundo país más rico tras Estados Unidos que ha tenido mayor descenso. A estos datos se unen los problemas de sustitución generacional en los sectores de transporte, agricultura, pesca... Ninguno de los Gobiernos que hemos tenido se ha ocupado y preocupado de la situación. Hoy, los salarios están bajando simplemente por el IPC galopante que tenemos y, por contra, los precios de la vivienda se incrementan notablemente. ¿Qué estímulo tienen los jóvenes para tener hijos ante la situación económica actual? ¿Se hablará de estos asuntos en el debate sobre el estado de la nación que el presidente del Ejecutivo ha anunciado para mayo? Hoy, los problemas son de estanflación, reduflación (menor cantidad en los envases de alimentos, sin bajar el precio) y energía. Pero a medio plazo la demografía en España tendrá una problemática tal vez mayor que la situación actual.
Pedro Marín Usón. Zaragoza
En lugar de apoyo
Día gris en Pamplona. Me levanto y me arreglo con bastante esfuerzo. El que me supone salir a la calle desde hace algún tiempo. Tengo una cita en la mutua para el reconocimiento médico. Entro en el despacho, la médico me está esperando. Me pregunta cómo me encuentro, mirando su ordenador, desganada y con la pierna apoyada en una silla como si en vez de un paciente fuera un mero trámite que hay que pasar en la agenda. Le respondo, me siento vulnerable desnudando mis miedos y sentimientos. No es fácil expresar los problemas que tanto ha costado exteriorizar. Aún retumban en mi cabeza sus palabras: «Tomas demasiada medicación, seguramente no necesitas nada de eso»; «No entiendo cómo con 34 años no puedes gestionar tus problemas de otra forma»; «No puedes estar en duelo toda la vida, no es un ser humano, es solo un perro»; «Todo lo que me cuentas no es importante, está en tu cabeza»; «¿Acaso tienes cáncer u otra enfermedad terminal? Entonces no tienes un problema»; «¿No tienes pareja?»; «¿Con quién vives?»; «Tienes que volver al trabajo o dejarlo». Finalmente, me pregunta por la salud mental de mi familia. Solo quiero salir de ese despacho, volver a casa y recibir el apoyo y consuelo que necesito. Es un despropósito que algunos profesionales del ámbito sanitario, frente a situaciones así, actúen de esa forma, menoscabando el estado emocional del paciente, en lugar de presentarle soluciones o apoyo en su situación.
P. L. Pamplona
¿Hombres?
¿Cómo un hombre con tanto poder y saber puede cometer tantas barbaridades? Fui niña de la guerra, nací en 1931, en el 36 tenía cinco años. Aún recuerdo el «cuerpo a tierra que viene la aviación». Cosas así casi olvidadas vienen a mi memoria cuando veo a esas madres con sus hijos en brazos. Yo, de la mano de mi padre; mi madre, con un niño de pecho en los brazos y corriendo a los refugios fuera del pueblo; las bombas nos caían tan cerca que nos llenaban de polvo y tierra. Conocí a madres que perdieron dos hijos; a otras con un hijo en el bando republicano y otro con los sublevados; hermanos contra hermanos, mujeres con pañuelos negros, hijas, esposas, madres. Madres que nunca harían una guerra. A estos hombres que preparan las guerras los pondría en primera línea de fuego. Decía mi abuelo: «Si esto lo gobernara un hombre de conocimiento, no pasarían estas cosas». Escribo esto a 14 de abril de 2022, Jueves Santo. «Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen».
Felisa Herrero Burillo. Zaragoza
Por qué la he premiado… Por si alcanza a brotar la vergüenza que nos debería provocar como especie este déjà vu.