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EL BLOC DEL CARTERO

Mil

Lorenzo Silva

A veces, la luz es una carta. Lo cuenta una de las que hoy nos habla de la que a diario les envían a los niños de La Palma unos niños de Burgos. Mil semanas leyendo las cartas que llegan a este buzón –produce vértigo hacer el cálculo, sobre ciento y muchas mil– permiten a este cartero atestiguarlo. En ocasiones, la carta de un lector –joven o anciano, hombre o mujer, de ciudad o de pueblo, conservador o progresista– ha proyectado a través de la rendija de este pequeño espacio el resplandor que iluminaba un ángulo oscuro de las cosas. En ocasiones, valga esta confesión personal, le ha servido a quien la leía para hacerse una idea más cabal, menos estereotipada y prejuiciosa, de sus semejantes, de sí mismo y del mundo que todos habitamos. Con gratitud se les sigue leyendo.

Cartas de los lectores

• Las cartas que no arden Cada mañana, me levanto y voy a mi trabajo. Sobre las diez y media suelo tomar un café con leche (en vaso, no en taza) en cierta cafetería, cerca del centro y de la sede de la Junta de Castilla y León, en una rotonda de la avenida de Cantabria de Burgos. Mientras degusto ese café templado, por si hay que salir corriendo por asuntos laborales, llevo días observando algo. Frente a esa cafetería se encuentra uno de los pocos buzones de Correos; digo pocos porque, la verdad, no hay muchos en mi ciudad. Como decía, sobre esa hora, veo a una pequeña manada de minimujeres y hombres de unos seis años, pastoreados por una joven profesora de unos veinticinco. Los veo echar una carta entre todos. Me extraña esa actitud y, curioso, pregunto a la camarera y a una chica que trabaja en una mutua de accidentes laborales que también toma café. Me cuentan que esos niños y niñas lo hacen cada mañana y que esas cartas van dirigidas a colegios de La Palma. Que contienen dibujos y palabras de aliento y cariño para los niños de la isla. No sé si es verdad, quiero creerlo, pues esas cartas nunca las quemará la lava del volcán. Os quiero, chiquitines. Miguel Rodrigo. Burgos

• De la autoestima al autoestigma

Muchas personas sufrimos el descrédito y la discriminación social, también la chanza o el desprecio de todo lo que pensemos y hagamos, por pertenecer al ... colectivo de las personas psiquiatrizadas, vulgarmente llamadas 'locas'. No pedimos un trato privilegiado ni condescendiente, pero tampoco merecemos estar en la lista de potenciales peligros o generadores solo de problemas, pues tenemos mucho que aportar. Del aplastamiento de la autoestima, que trae sufrir un internamiento y tratamiento agresivos que procuran más sufrimiento que alivio, pasamos al autoestigma por creernos, nuestros familiares y nosotros, culpables de un problema que merece los castigos de la soledad, el silencio y el miedo ajenos. Todo esto es producto de la ignorancia y el sensacionalismo generalizados, salvo contadas excepciones que nos animan a dar lo mejor de nuestras mentes.

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