EL BLOC DEL CARTERO
Papel
Lo único que puede hacerse con un libro de papel es leerlo. Si acaso, pararse a pensar sobre lo que se está leyendo. En último ... extremo, anotar en un margen o en las páginas finales de cortesía algo de lo que se ha pensado. Es a la postre una limitación, pero a veces no es mejor tener margen de maniobra. Nos lo advierte una lectora sobre la experiencia de sus nietos con una tableta, que inexorablemente los lleva a probar sus otras posibilidades, desde combatir con marcianos hechos de píxeles a ver algún vídeo. La lectura deja así de ser un ejercicio relajante y expansivo de la mente para verse desplazada por un frenesí que sobreexcita al usuario y le cierra la rendija mental. A veces, la vida consiste en no tener todas las opciones, sino solo la más valiosa. En leer sin más.
LA CARTA DE LA SEMANA
En el atril, la polonesa Opus 40, n.º 2, de Chopin, en do menor con su carácter lúgubre. La luz primera define mi silueta sobre el piano. Pero sé que no estoy aquí. Hace tiempo que no me reconozco. Tal vez en el silencio pueda reencontrarme y quizá en el regazo de la música, donde aún creo existir. He sufrido la violencia del hombre y, así, he perdido la 'violencia de vivir': no he sabido proteger mi dignidad como persona, aun contando con cierta preparación. No se trata de los conocimientos de los libros; tampoco de los de la experiencia. Estos individuos medran como la hiedra y al final hacen de ti tierra de nadie. Nadie está a salvo de la crueldad. Ahora, su ausencia me alivia, pero aún no puedo reposar: no sé quién soy. ¿Acaso una prolongación de sus excesos, ya sin voluntad propia? No lo sé. Empiezo a tocar y me reconforta. Quizá este devoto amigo me redescubra el paraíso de estar viva y, en un futuro, me devuelva la esperanza en el hombre.
M.A Eugenia Motilla Serrano (Madrid)
Por qué la he premiado… Porque hay historias que iluminan, en todos los sentidos, y esta es una de ellas.
Seguimos siendo corderos
Cada día estamos viendo cómo el mundo que hemos conocido en los últimos años se está desmoronando. Hace unos días, Macron comentó que estamos asistiendo a los últimos instantes del siglo XVIII. La sensación general es que somos corderos temerosos del lobo, sin saber qué hacer. Falta liderazgo, voluntad de coger el 'toro por los cuernos' en Europa y, en particular, en España. Tenemos materia prima de alta calidad en la generación juvenil, la mejor preparada de la historia. Lo que les ofrecemos son empleos y salarios precarios. Seguimos siendo corderos, que no entendemos que el mundo ha cambiado, que tenemos la obligación de realizar las reformas sociales y laborales necesarias para tener un futuro de calidad. No son tiempos de ideologías, vienen tiempos tecnológicos que van a marcar el devenir de nuestros jóvenes. Aprendamos del Plan Marshall, que sacó a Europa de sus ruinas para convertirla en una sociedad del estado de bienestar, envidia del resto del mundo. Es cuestión de voluntad de nuestros dirigentes que España tenga futuro para las nuevas generaciones.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
Homenaje a los libros infantiles de papel
Hace tiempo que leo investigaciones que tratan sobre las ventajas que tiene el libro de papel sobre el digital, pero este verano, como abuela, puedo ofrecer una experiencia en directo. Desgraciadamente disfruto poco de mis dos nietos, de cuatro y siete años, porque viven en Londres debido al trabajo de sus padres, así que en vacaciones me intento volcar y vivir maravillosas experiencias que solo los niños pueden ofrecer. Una de ellas es leerles un libro cuando ya están acostados, antes de que se duerman. Es un momento mágico en el que podemos vivir desde viajes en busca de tesoros hasta acompañar a un pajarito que inicia su gran aventura de volar. Sin embargo, lo que voy a contar es que alguna noche, por cansancio, les he dejado que leyeran u oyeran el cuento en una tableta. La diferencia ha sido gigantesca, la situación relajada que invita al sueño se convirtió en excitación y continuo cambio de pantallas para buscar juegos de marcianos, carreras e incluso cacerías. Lo peor fue, y pasó lo mismo la segunda vez que repetí la experiencia del cuento digital, cuando les quité las tabletas para que se durmieran, se enfadaron, lloraron e intentaban por todos los medios quitármelas. Visto lo visto, no hubo una tercera lectura digital y, aunque alguna vez me volvieron a pedir las tabletas, no lo hicieron con insistencia y siempre disfrutaron de la lectura con los libros de papel. No niego que los libros digitales tienen muchas ventajas, pero creo que hay que tener cuidado con los niños. Leí en un artículo que los que trabajan en Silicon Valley no dejan que sus hijos usen dispositivos electrónicos hasta que tienen 14 años. Yo puedo aportar lo que he vivido este verano: el placer de buscar un buen libro que interese al niño y disfrutar de los expresivos ojos del niño y del cálido ambiente que creamos mientras leemos un libro de papel.
Isabel Carril Martínez (Madrid)
Saber asimilar la derrota
Más de cinco horas y cinco sets. Nadal, en su línea: concentración, pundonor y gran expresividad. Su oponente, Medvédev, es un ruso estoico, imperturbable, de rostro hierático y mirada lánguida. Solo abre la boca para tomar aire. Viéndolo, uno empieza a pensar que tiene el carácter de esos resistentes que aceptan la fatalidad sin pestañear y sin que en su rostro aparezca el menor atisbo de amargura. Nadal acaba tumbándose en la pista. Por fin ha vencido y llora. Dos minutos después, al recibir su trofeo, el mallorquín felicitará a Medvédev y agradecerá el apoyo que le ha prestado todo el mundo. Antes, cuando le ha tocado el turno al ruso, este ha esbozado una sonrisa y –oh, maravilla–, además de haberse mostrado un poquito locuaz, también ha improvisado, ha estado ocurrente y agradecido, ha tirado de humor y ha hecho reír al público. Entre los espectadores hay una joven que debe de ser su pareja. Ella tampoco ha pestañeado durante el partido y supongo que en cuanto termine la ceremonia se juntará con él para decirle lo justo, lo que corresponde a una situación que los dos parecen asimilar con gran naturalidad. Qué importante es saber mantener el tipo ante las derrotas.
Jesús Herrero Zubiaur (Zaragoza)
Pequeño homenaje
Mi abuelo falleció hace pocos meses, y en las primeras semanas me asaltó el terrible temor de olvidar tantos buenos momentos compartidos. El paso del tiempo ha traído sosiego, pero no el olvido y tengo la fortuna de esbozar una sonrisa al recordarlo. El hombre que me enseñó a montar en bicicleta, a patinar, a valorar la pintura de Velázquez, quien repasaba conmigo las capitales de Europa mientras disfrutábamos de un helado y un paseo por la ciudad sigue presente. Aún me parece escucharlo diciéndome «arrojo y valor» para afrontar cualquier reto en la vida. Querido Pepe, gracias por quererme tanto y por la familia de la que formo parte.
Graciela F. Arrojo (A Coruña)
Los libros de texto
Hace mucho que los profesionales de la educación venimos denunciando el mal estado de nuestro sistema educativo y demandando la necesidad urgente de un pacto al respecto. En este contexto mostrábamos nuestro malestar por la gran dispersión de contenidos que, para una misma asignatura, se daba en las diferentes comunidades autónomas. No es de recibo que un alumno, según dónde resida, estudie contenidos totalmente diferentes, tergiversados y falseados por la necesidad de recoger en ellos la realidad o ficción identitaria de la autonomía correspondiente. No me extraña, pues, que los editores de libros de texto de nuestro país den la voz de alarma, acusando a los gobiernos autonómicos de utilizar «mecanismos bastardos» para incluir contenidos regionales en los manuales educativos. Según la patronal de los editores de texto, hay 33.222 libros de texto diferentes, para ajustarse a las exigencias de cada comunidad. De una materia tan aséptica como Matemáticas hay hasta 17 versiones de un mismo libro. Alguien debe poner cordura. Se está haciendo demasiado daño a la educación como para seguir permitiéndolo.
José Vaquero Sánchez, Atarfe (Granada)
En las trincheras de la vida
Últimamente uno anda despistado con temas hoy habituales en la vida de un joven: trabajo, amores incertidumbres... Entonces, un fin de semana paseando por su ciudad, de repente le viene una bofetada de realidad que le hace reírse de sí y sus contratiempos. Empieza a descubrir algo que en otros tiempos sus ojos no eran capaces de vislumbrar. Te percatas de cómo una señora bien entrada en años disfruta de un paseo por la orilla en la playa. Reparas en una camarera, de las de 800 euros y 10 horas de trabajo, que mantiene la sonrisa mientras sirve un café ya acabando su jornada. Encuentras al profesor que tanto te marcó y que aún te recuerda y que era capaz de emocionar a sus alumnos de ingeniería más allá de los números y las fórmulas, porque entre medias enseñaba que la vida iba de algo más. Y todo eso descubres en un sencillo paseo por tu ciudad, personas maravillosas acostumbradas a pasar desapercibidas, en las trincheras de la vida.
David González Castillo, Astillero (Cantabria)