EL BLOC DEL CARTERO
Cavernas
Por una singular coincidencia, que seguramente no es casual ni está desprovista de sentido, un par de lectores aluden esta semana al mito de la caverna de Platón y otro maneja en cierto modo la idea sin mencionarla. El mundo en el que vivimos nos ha convertido en observadores de imágenes proyectadas, reduciendo el espacio y el tiempo del pensamiento, con los ojos abiertos o cerrados. Contribuye a esa tendencia la apuesta de la enseñanza, a raíz de la pandemia, por la sustitución de la transmisión directa y personal de conocimiento, en beneficio de sombras que se agitan en pantallas. Evolucionamos así, en nuestra caverna digital, a la categoría de espectadores, casi sin inmediación con la vida. Según Platón, creernos lo que se ve en la pared-pantalla es perder la noción de la realidad. Avisados estamos.
Cartas de los lectores
• Danzantes primitivos
Dicen que para percibir el lenguaje corporal basta con contemplar los programas (o las series y películas) de la televisión sin sonido; incluso podría encontrarse ... algo de significado no verbal en los informativos. Una auténtica coreografía de gestos que nos dirán las emociones que el rostro de los presentadores no transmiten. Y todo este ballet, ¿para qué? Para entretenernos, para convertirnos en asesinos de tiempo que viven viendo y, en viendo vivir, dejan de vivir. Porque mirar no es pensar, pese a los jugosos rendimientos económicos y políticos que rinde la comunicación de masas a través de la imagen. Comunicación que alcanza a Internet y, en especial, a las redes más seguidas. A la vez, nos preocupa cómo la conducta de las personas se vuelve menos sociable; con variedad de grados de toxicidad que asfixia la racionalidad y sociabilidad neocortical, para sumergir a los individuos en las profundidades primitivas del hipotálamo, la amígdala y el cíngulo. Sin saberlo, hemos estrangulado al hombre de Gutenberg para preguntarnos, como en aquella canción de The Killers, si somos humanos o danzantes; para convertirnos en primitivos danzantes que sienten más que razonan porque miran más que hablan.
Ángel Argüelles López de Maturana. Bilbao
• Nuestra supervivencia
A partir de la caverna platónica, la función de la filosofía, esa disciplina tan denostada por carente de atractivo pragmático, ha consistido en la desconfianza de lo aparente y el cuestionamiento del poder omnímodo de lo racional como criterio último de conocimiento. Para la razón no hay más realidad que la apariencia, sostenía Unamuno, quien añadía que el hombre ideal del racionalismo es el autómata adaptado al ambiente. Anthony de Mello, en una deliciosa fábula, hace preguntar a un joven pez a otro ya viejo: «¿Dónde puedo encontrar el mar?». El segundo dice: «El mar es donde estás ahora». El joven, decepcionado, se lamenta: «¿Esto? Yo no veo más que agua...». Volvamos a Unamuno: «De razones vive el hombre, de sueños sobrevive». Hoy más que nunca, la filosofía apunta a nuestra supervivencia.
Javier Poch Zatarain. San Sebastián (Guipúzcoa)
Sombras
Ni el visionario Platón, al idear la más célebre alegoría de la historia de la filosofía, el mito de la caverna, hubiera podido imaginar que 25 siglos después de su tiempo los habitantes de cualquier polis del mundo pasarían más de la mitad de sus horas de vigilia mirando 'sombras', proyecciones del mundo, meras apariencias a través de pantallas de todas dimensiones, en lugar de percibir y vivir la realidad sensible a la que también aludía Platón. Cómo hemos llegado a esta situación, en la que lo físico nos rodea pero vivimos virtualmente, es para mí difícilmente comprensible. Es posible que en parte obedezca a intereses de los creadores de esas sombras, como lo hacía en aquella alegoría. Esa existencia predominante en el mundo inteligible beneficia a algunos, probablemente, pero de lo que no cabe duda es de que perjudica a muchos de nosotros, arañando minutos y horas que, en último término, acaban desposeyéndonos de nuestras propias vidas.
Manuel Suárez Botana. A Coruña
Por qué la he premiado… Por la pertinencia de invitar a sopesar la materialización del mito (y sus consecuencias).