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EL BLOC DEL CARTERO

Cavernas

Lorenzo Silva

Por una singular coincidencia, que seguramente no es casual ni está desprovista de sentido, un par de lectores aluden esta semana al mito de la caverna de Platón y otro maneja en cierto modo la idea sin mencionarla. El mundo en el que vivimos nos ha convertido en observadores de imágenes proyectadas, reduciendo el espacio y el tiempo del pensamiento, con los ojos abiertos o cerrados. Contribuye a esa tendencia la apuesta de la enseñanza, a raíz de la pandemia, por la sustitución de la transmisión directa y personal de conocimiento, en beneficio de sombras que se agitan en pantallas. Evolucionamos así, en nuestra caverna digital, a la categoría de espectadores, casi sin inmediación con la vida. Según Platón, creernos lo que se ve en la pared-pantalla es perder la noción de la realidad. Avisados estamos.

Cartas de los lectores

• Danzantes primitivos

Dicen que para percibir el lenguaje corporal basta con contemplar los programas (o las series y películas) de la televisión sin sonido; incluso podría encontrarse ... algo de significado no verbal en los informativos. Una auténtica coreografía de gestos que nos dirán las emociones que el rostro de los presentadores no transmiten. Y todo este ballet, ¿para qué? Para entretenernos, para convertirnos en asesinos de tiempo que viven viendo y, en viendo vivir, dejan de vivir. Porque mirar no es pensar, pese a los jugosos rendimientos económicos y políticos que rinde la comunicación de masas a través de la imagen. Comunicación que alcanza a Internet y, en especial, a las redes más seguidas. A la vez, nos preocupa cómo la conducta de las personas se vuelve menos sociable; con variedad de grados de toxicidad que asfixia la racionalidad y sociabilidad neocortical, para sumergir a los individuos en las profundidades primitivas del hipotálamo, la amígdala y el cíngulo. Sin saberlo, hemos estrangulado al hombre de Gutenberg para preguntarnos, como en aquella canción de The Killers, si somos humanos o danzantes; para convertirnos en primitivos danzantes que sienten más que razonan porque miran más que hablan.

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