Saltar al contenido
Volver

EL BLOC DEL CARTERO

Conciliaciones

Lorenzo Silva

Nuestro tiempo nos imbuye a todos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, de una conciencia agudizada de nuestro derecho a trazar un camino personal. Sin embargo, ocurre a la vez que tenemos vínculos con otros, que no podemos descuidar sin que aquel se resienta o incluso pierda su sentido. En la mezcla interfieren a menudo, ingenuo sería ignorarlo, las imposiciones de un orden social, laboral y ahora, además, tecnológico que conducen a servidumbres varias. Son las mujeres las que lo tienen más difícil para sostener en el aire todos los platillos, por las inercias que llevan a cargarlas más que a los varones con las tareas de crianza y cuidados. En nuestras cartas de esta semana, a ese testimonio clásico se añade otro: el del jubilado cuyos hijos necesitan su cobertura. Conciliar o erosionar, esa es la disyuntiva.

Cartas de los lectores

Mi conciliación personal

Con 62 años me ofrecieron acogerme a la jubilación, y así se lo comuniqué a mi numerosa familia esperando compartir mi alegría. Y así fue. ... Pero rápidamente me di cuenta de que no todos nos alegrábamos por lo mismo. Yo, aunque fuese un tópico, me veía haciendo cosas que no había podido hacer por tiempo y disfrutar de y con mis nietos, acudiendo a recogerlos alguna vez al colegio o llevándolos a merendar, a jugar o a alguna actividad deportiva de manera puntual. Ellos, en cambio, veían un desahogo a sus necesidades diarias, lo que al final ha supuesto que mi jubilación no ha sido un cese de mi actividad laboral obligada, sino solo un cambio de ocupación. Ahora he pasado a formar parte de la empresa familiar, con una jornada sin límites 365 días al año, con polivalencia, sin derecho a elegir vacaciones ni festivos y sin retribución, sino todo lo contrario. Eso sí, convivo y actúo mucho con mis nietos, pero casi más como padre que como abuelo, lo que sin duda me llena de satisfacción, aunque no me atrevo a afirmar si disfruto de ellos y con ellos, como pretendía. Los abuelos jubilados, en muchos casos, nos hemos convertido en una pieza clave para la conciliación familiar, renunciando por obligación a nuestra conciliación personal. ¡Y eso no es justo! Por eso, en esta época de reivindicaciones, quizá no sería descabellado que saliésemos a reivindicar el derecho a nuestra conciliación personal, exigiendo el reconocimiento de la sociedad por nuestra contribución a al bienestar social. ¡Y en eso estoy!

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error

[]

Conciliaciones

[]

Conciliaciones