EL BLOC DEL CARTERO
Cubitera
Lean la carta de la semana y comprobarán cómo alguien con buen ojo, buen oído, buena pluma y una finísima malicia puede convertir una cubitera ... en un símbolo demoledor del momento que vivimos, de las miserias que nos desnudan ante sus consecuencias –cuando no las agravan– y, por encima de todo, de la sobrecogedora frivolidad, la terrorífica inconsciencia que hay detrás de la tragedia que nos golpea y del destrozo que ha sufrido nuestra sociedad. Una simple cubitera extraviada representa lo que no tenemos, porque lo perdimos o no supimos construirlo, y en esta hora necesitamos con desesperada urgencia. Pero ni la ciencia ni la conciencia se improvisan. Para compensar, ahí están los jóvenes médicos, los nuevos soldados de los que nos habla otra lectora y que acuden con ilusión a la primera línea.
LA CARTA DE LA SEMANA
Es posible que muchos piensen: ¡pues yo! Así que, para centrar el tiro, daré pistas. El primer requisito: tener una hija adolescente que quedó con sus amigos la noche del viernes. Segundo, tener en casa una cubitera metálica como para cinco botellas de vino. Ahora relataré los hechos por los que pueden echarle la bronca a su hija cuando se le pase la resaca. Hacia las 2:30 del sábado, me desperté por el griterío en la calle. En el jardín público cercano a mi casa, una cuadrilla con botellas de alcohol, refrescos y, cómo no, su cubitera. Llamé a la Policía y, aunque vinieron pronto, los jóvenes ya se habían marchado. Los policías recogieron todo lo de tirar, y si se llevaron la cubitera, bien hicieron: estaba abandonada. Al rato volvió el griterío y, hacia las cuatro, desaparecieron. Hubo risas, discusiones, amor en la hierba, una moto y, como restos del naufragio, pajitas, trozos de vasos y alguna botella en el jardín (sugerencia: podrían cogerla de las orejas y llevarla a limpiar la zona). Lo importante es la impotencia al ver que para muchos, parece, el virus no existe. Y está ahí. Y se propaga. Y algunos pasan la COVID-19 sin problema, pero otros quedan con secuelas o 'entregan la cuchara' (ya demasiados). Así que, exdueños de la cubitera, y todos los que se vean en esta reflejados, ya saben qué hacer con sus hijos. Valor y al toro. Con su permiso, ahora me voy a echar la siesta, que me la he ganado. Una sanitaria.
Carlota García Tinoco, Huarte (Navarra)
Por qué la he premiado… Por la historia, por la gracia para contarla y, sobre todo, por cómo nos retrata.
Una nueva línea de soldaditos
Esta semana es una de las más importantes de mi vida. Por fin voy a firmar mi contrato y a comenzar mi residencia de médico especialista en un hospital. La pandemia (es paradójico) ha retrasado cuatro meses la incorporación de más de 7500 médicos y otros profesionales sanitarios. Sé que la situación no es la mejor. El coronavirus azota fuertemente nuestro sistema y, con ello, la formación de los residentes. Algunos compañeros mayores cuentan cómo se suspendían sus rotatorios de especialidad para en su lugar ir a sudar el EPI a la puerta de urgencias o lo que hiciera falta. Pero yo vengo con ganas. Con fuerzas, y creo que somos una nueva generación de médicos jóvenes, entusiastas, con las pilas bien cargadas. Y es que, en esta batalla, se incorpora una nueva línea de soldaditos. Y nos mandarán a la primera línea, y no nos va a importar: para esto hemos estudiado tantos años… y seguiremos haciéndolo, para ayudar a todos esos pacientes que, por cuestiones de la vida, acaben a nuestro cuidado. Hasta 117 personas conforman el actual grupo de WhatsApp R1 Virgen del Rocío. Seguro que aún se incorpora algún rezagado.
Gema García Cortés (Badajoz)
A mi madre, a mi maestra
A mi madre le diagnosticaron el alzhéimer hace doce años. Y hoy, tras su enfermedad (y seis de estos años de convalecencia en la cama), ella y su principal cuidador (mi padre) merecen que se los valore, tener otro tipo de despedida (ya que no pudo ser de la forma habitual por la COVID-19) y que se publique un capítulo de su vida. Porque de esa vida de entrega y esfuerzo que mi madre nos dio se fraguó el amor que luego le hemos intentado devolver los hijos y el marido y que, aunque han sido muchos años, y han sido restados en dedicación a nuestros hijos, esperamos que ellos también valoren las lecciones que mis padres nos dieron: lecciones sin exámenes, lecciones de vida. Lecciones que nos ayudan a entender la adversidad, a superar las dificultades y a entender este mundo a través de la solidaridad. Por eso: gracias, mamá, por tu ejemplo, porque aceptaste el alzhéimer como parte de la vida y con humor; por eso decías a las vecinas, cuando salíamos a pasear, que salías a buscar la memoria que estabas perdiendo… Con la enfermedad, también descubrimos el amor que papá te tenía y nosotros, los hijos, hemos intentado devolverte todo lo que nos habías dado. Porque fuiste una madre entregada que siempre nos has apoyado y animado con tu buen carácter y generosidad. Nos has hecho la vida muy fácil, y has sido un ejemplo de serenidad, conciliación y sencillez. Tu muerte, tan pronto después de la de papá, nos produce gran tristeza. Con tantos años enferma, sabíamos que este día llegaría y que, además, era tu deseo morir a la vez que papá. Sin embargo, a nosotros nos gustaba tenerte, aunque pueda resultar egoísta. Gracias, mamá, por dejarnos cuidarte; gracias, papá, por cuidarla. Descansan en paz.
Hermanos Arranz-Sebastián, Sabiñánigo (Huesca)
Corona-periodismo
Se dice que cierran 28 colegios por COVID, pero no de un total de 60.000 (el 0,04 por ciento); se publica una foto de un concierto con algunas personas bailando sin mascarilla, pero silencio sobre los cientos de eventos culturales que hay sin incidencias y en un ambiente seguro. Nada oímos de que el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad es mucho más eficaz ahora, ni de que la mayoría de los contagiados no tienen síntomas o estos son leves. a, allí acudirá raudo un reportero, que no dirá nada de las decenas de centros sin casos en esa ciudad. Se acabaron las noticias de emprendedores, empresas innovadoras, avances científicos... que sigue habiendo, aunque apenas se publiquen. La mayoría de los medios prefiere el 'minuto y resultado' de contagiados, las medias verdades, los datos absolutos. Ese goteo interminable de malas noticias genera miedo irracional, incertidumbre y amedrentamiento. Yo lo llamo 'corona-periodismo', y en mi opinión es incomprensible e irresponsable.
Jesús Muñoz, Madrid