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EL BLOC DEL CARTERO

Desazón

Lorenzo Silva

Nos cuenta la autora de la carta de la semana la desazón en que vive por razón de su oficio, que la lleva a estar en contacto, a su vez, con la desazón del prójimo. Alerta sobre la desprotección de las líneas en uno de los flancos más débiles de nuestra sociedad: el de la salud mental, que estos meses de encierros, angustias y aprensiones no han contribuido a mejorar precisamente. Su grito de auxilio y de rabia invita a pensar si la pandemia, con ser preocupante y perentoria, no nos distrae de otros males que pueden no ser tan inminentes, pero tienen un potencial no menos devastador. Como da que pensar la advertencia de un lector sobre cómo las golosinas digitales que con tanta fruición consumimos nos acercan, cada vez más, al perfil de las más escalofriantes distopías. Lo que no se puede decir es que no estamos avisados.

Cartas de los lectores

La soga al cuello Nosotros mismos nos hemos puesto la soga al cuello. Nosotros mismos hemos aceptado el control al llevar siempre aparatos en los que dejamos toda clase de huellas. Ya no hace falta controlar físicamente a las personas. Portamos en el bolsillo al Gran Hermano. Nos han engañado poniendo caramelos en nuestros aparatos, pero el fin mismo es el control absoluto. Ya estamos viendo cuál es la utilidad de estos aparatos. Sirven para la vigilancia y para presentar un pasaporte que te permite beber una cerveza. La nueva tecnología es una inmensa red de pesca. Lo más desolador es que nuestra sociedad ya no tiene capacidad de defenderse. Estamos siendo atacados desde dentro. No tenemos soldados que nos defiendan porque a nadie le interesa defender nada. Hemos sido derrotados absolutamente. Hay que elegir entre la libertad y la felicidad y «para la gran mayoría de la humanidad la felicidad era la mejor elección». «¿Qué se puede hacer contra el lunático que es más inteligente que tú, que escucha tus argumentos para luego seguir manteniéndose en ese estado de locura?», se pregunta Winston, el protagonista de 1984, de Orwell. Finalmente, Winston sucumbe: «¡Qué fácil era todo! Únicamente había que rendirse y todo lo demás venía solo». Nacho Cárdenas. Correo electrónico

Ponme

Me enseñaron que al llegar se dice «hola» y al marchar, cuando menos, «adiós». Me dijeron que debía pedir «por favor» y agradecer con no ... menos que «gracias». Sin embargo, con cada vez más frecuencia solo se escucha «un café», «ponme» esto o aquello e incluso más de un «¡venga, chaval, que llevo prisa!». Tengo 19 años y soy camarero (además de estudiante universitario). Dicen mis progenitores que no pudieron formarse, pero ello no significó que no los educasen. Hoy la formación abunda (la RAE hace tiempo que incluyó el término 'titulitis' en su diccionario) y la educación escasea. Como si la sociedad creyese que esa puede ser reemplazada por aquella. Tras las fiestas recuerde que igual de mágico es desear una «feliz Navidad» como saludar con «buenos días». La cuestión solo es ser educado.

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