EL BLOC DEL CARTERO
Desleales
Para pensar la carta de una joven lectora. Tiene el acierto de llamar a las cosas por su nombre, y la palabra que emplea es ... tan amarga como certera: desleales. Se refiere a los poderosos que, habiendo recibido la confianza de sus conciudadanos, la traicionan y burlan con los actos indecorosos que día sí y día también saltan a los periódicos. Engaños, adulteraciones, amaños, sisas, saqueos. Hemos acostumbrado a una generación, o a varias, a desayunarse a diario con la triste certidumbre de que en las alturas, en lugar de personajes que nos sirvan de ejemplo, menudean los truhanes, los frívolos y los aprovechados. Así costará que crean en el país en el que viven. Unos se harán cínicos. Otros, como nuestra lectora, acaban cayendo en una melancolía que es nuestro fracaso.
LA CARTA DE LA SEMANA
Vive aún el viejo
Vivir a medio gas, qué distinto de hacerlo con intensidad. Es la disyuntiva que se plantea en general, también en la vejez. En esta etapa vital, el aburrimiento por la costumbre de vivir y la resignación empujan en la primera dirección mediocre. A la otra, el pujante deseo y la urgencia de apurar los últimos cartuchos, esos que el viejo intuye que le quedan para vivir de forma emocionante. Porque es cosa de emoción, la vida entendida como concatenación de experiencias que conmueven. Ante el apartamiento impuesto por la jubilación, el aislamiento obligado de la residencia de ancianos y el triaje sanitario que ve venir en el próximo brote, la persona cargada de años da un respingo. Tuerce el gesto horrorizada. Desde una soledad, eso sí, acompañada de achaques varios, activa su dignidad y, en tono audible, anuncia que puesto que le toca aún estar viva, habrá de ser –sí o sí, como dicen sus nietos y bisnietos– con suficiente intensidad.
Carmelo Carrascal, San Sebastián
Por qué la he premiado… Por la llamada a la vida, de una intensidad que estos momentos, y los que se avecinan, hacen más emocionante.
No lo dejen a la improvisación
Soy una maestra jubilada a la que preocupa la inminente vuelta al colegio. ¿Se ha pensado ya cómo será este regreso a las aulas? ¿Se ha planificado? Sé que las Comunidades Autónomas tienen las competencias, pero quien dirige el país debe dar directrices. En los colegios, los maestros programamos (plan A, B y, muchas veces, C), pero tenemos una dirección que revisa y aprueba o no aquello que hemos programado. Y, por encima de la dirección, una inspección revisa de nuevo lo decidido y cómo lo haremos. Creo que los de arriba no se han pensado que son niños y niñas, jóvenes, los que van a volver a las aulas. Eso es muy serio. No se puede tratar como si no tuviera importancia, y bueno... ya veremos qué pasa e improvisamos y cambiamos de táctica. ¿Han preguntado a los maestros de infantil y primaria o a los profesores de secundaria cómo llevar a cabo la incorporación al nuevo curso? ¿O como casi siempre lo decidirá alguien sin idea de educación? Por favor, señores del Gobierno, hablamos de niños y niñas, jóvenes, de nuestro futuro. No lo dejen librado a la improvisación.
Yolanda Urraca, Alcorcón (Madrid)
Actos desleales
Qué impotencia dan las noticias. Las nacionales, sobre todo. Estudio Periodismo, y estar al tanto de lo que ocurre es algo a lo que se supone que estoy obligada, pero es muy deprimente. Cada semana salen dos o tres nuevos escándalos del Gobierno, de la oposición, del partido de aquí o de allá. Hemos llegado a un nivel de pitorreo y de poca decencia que sobrepasa lo tolerable, o la vista gorda que acostumbramos a hacer. Eso también molesta: nos faltan al respeto como ciudadanos, pero parece que a nadie le importa mucho. Siempre he sentido un apego especial por España. Desde siempre he querido quedarme a vivir aquí cuando acabe mis estudios. Pero estas cosas hacen que se me quiten las ganas. Me avergüenza contemplar cómo esa gente, que de algún modo maneja parte de nuestra vida, nos humilla con sus actos desleales. Me canso de la sociedad en la que me he criado, donde nunca nadie puede hacer nada para evitar ciertas cosas.
Adriana Lado López. A Coruña
Pandemia y reinos de Taifas
Algo estamos haciendo mal. No puede ser que en el resto de Europa este virus que nos está matando sea mejor controlado, mientras que aquí va a más. Ya sabemos que la disciplina y el deber ciudadano son asignaturas pendientes desde tiempos lejanos. También que los gobiernos que hemos tenido no han sido los más adecuados, pero ahora acabamos de rizar el rizo (y de los hechos hablo) con esto de las autonomías, más un atraso que un acierto. Está visto que manda tanto Isabel como Fernando, lo mismo da un gobierno de derechas que de izquierdas: el asunto es mandar. De tal forma que estamos viendo cómo por eso de las transferencias –tanto en sanidad como en educación– quienes deciden en última instancia son primero Cataluña y el País Vasco, y los demás, al rebufo. Y esto no es lo peor, sino que ahora con el problema del virus está habiendo tal descoordinación entre el Gobierno central y los autonómicos que la ciudadanía ya no sabe a quién hacer caso. Así que menos política y menos reinos de Taifas.
José M. Redín Berdonce. Barañain (Navarra)