El bloc del cartero
Despistados
Habla una de nuestras lectoras de cómo estos dĆas se han estado retratando no pocos despistados. Y la palabra se antoja certera, tambiĆ©n, para calificar a quien ha desencadenado esta sĆŗbita catarsis. Y es que muy despistado hay que estar, a estas alturas de la historia, para creer que lo que va a salvarle a uno de la crucifixión es jactarse con una sonrisita pĆcara de que una mujer sobre la que ejercĆa poder, tras haberla requerido con una frase cómplice ā«¿Un piquito?Ā»ā para dejarse besar en pĆŗblico, asintió complacida. MĆ”s bien estĆ” uno comprando el madero, los clavos y hasta el mazo, por lo que ese razonamiento deja al descubierto de lo mucho que uno ignora acerca del derecho propio y la dignidad ajena, y lo que permite entrever de su comportamiento cuando nadie mira. A ver si el ejemplo ilustra a otros.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Va ir a mƔs
La primera a los 34; la segunda a los 46; la tercera a los 57; ... la cuarta desde que me prejubilĆ©, hace cuatro aƱos. Estoy hablando de depresiones, de las que la gente no habla. Si vas a la sanidad pĆŗblica te dan cita para dentro de tres meses. De modo que āsi puedesā optas por la privada. Los psiquiatras te recetan pastillas, que unas veces hacen efecto, pero otras no. Ellos mismos te confiesan que utilizan el mĆ©todo ensayo/error: no saben quĆ© fĆ”rmaco te curarĆ” y cuĆ”l no. Por regla general āy en psiquiatrĆa hay pocas reglas generalesā tardan en hacer efecto entre cuatro y seis semanas, y tĆŗ tienes el problema ya, es urgente, y esperar seis semanas lo contemplas, cuando estas deprimido, como una eternidad, con el agravante de que la prescripción no te haga efecto, en cuyo caso el mĆ©dico probarĆ” con otro fĆ”rmaco, lo que significa otro mes o mes y medio de espera. En los Ćŗltimos diez aƱos, la venta de medicamentos ansiolĆticos y antidepresivos en farmacias ha subido un 30 por ciento. SegĆŗn el Ćŗltimo informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, nuestro paĆs ocupa la segunda posición, a nivel mundial, en el consumo lĆcito de estos medicamentos. EspaƱa es lĆder mundial de consumo de un producto, la benzodiacepina diazepam. LĆderes mundiales en ansiedad. Hay que reflexionar sobre la salud mental en nuestro paĆs, y mĆ”s que eso ponerse a trabajar en serio para abordar un importante problema que va a ir a mĆ”s.
Julio AgustĆn Ruiz Herreras. Madrid
Han roto un muro
Uganda, Kenia y EtiopĆa (suena a utopĆa), podio de la final de 10.000 en el mundial de atletismo de Budapest. Una gozosa involución del orden mundial, los desheredados son los herederos del mundo, los que mandan. Lo conectĆ© de inmediato con El triĆ”ngulo de la tristeza, la reciente pelĆcula del controvertido Ruben Ćstlund: un excĆ©ntrico crucero de adinerados acaba convirtiĆ©ndose en una especie de SeƱor de las Moscas, donde, como en la carrera, se invierten las jerarquĆas establecidas. Surrealista, otras veces hiperrealista, cómica, negra, discursiva, frĆvola, un explosivo cóctel cargado con amargas gotas de mala leche que nos debe hacer reflexionar. La radiografĆa perfecta construida desde la ficción de la desigualdad endĆ©mica que nos domina. Un espejo ante el que toca contemplarnos y dejar de mirar hacia otro lado como si no fuera con nosotros.
Jorge FernĆ”ndez-Bermejo RodrĆguez. Correo electrónico
Clase prƔctica de feminismo
Ni la mĆ”s avezada de las autoras feministas ni el libro mĆ”s preclaro sobre el tema ha logrado tanta repercusión. Ya veis, nosotras esforzĆ”ndonos por explicar que aĆŗn existe mucho machismo instaurado y llega un āseƱoroā y borda el ejemplo. Dejando a un lado la āhuevistaā forma de celebrar la victoria, ese beso sin consentimiento, unas honestas y āclarividentesā declaraciones y, como guinda, unas disculpas impostadas han evidenciado un pensamiento que, esperando que estĆ© en peligro de extinción, aĆŗn perdura. A eso hay que unir declaraciones de algunos despistados (que tienen madre, hermanas y hasta hijas; cómo van a ser ellos machistas) que han tratado de minimizar el hecho sin Ć©xito. Esperemos que les haya hecho reflexionar, por fin, que el camino hacia la igualdad ha de ir por unos derroteros que ellos no atisbaban ni a percibir. La filósofa Celia Amorós nos recuerda que Ā«no hay nada mĆ”s prĆ”ctico como una buena teorĆaĀ». Si a eso unimos un ejemplo, la clase ha quedado cristalina.
Carmen Blanco Ćlvarez. Meco (Madrid)
La gorra del capitƔn
Gotor, verano del 93. Como cada maƱana de aquellos veranos en el pueblo, jugĆ”bamos en las Escuelas ānuevasā (reciĆ©n inauguradas), cuando, bajando la calle, uno de los amigos de la infancia, montando en su bicicleta, apareció con una gorra de capitĆ”n de la guerra civil, con sus tres estrellas bordadas y en un estado impoluto. La habĆa encontrado en el vertedero municipal. Tras āposarā toda la cuadrilla con ella haciendo reverencias y saludos militares, la gorra fue lanzada por uno de nosotros a una acequia. Ese fue nuestro primer contacto, de mi generación, con la guerra civil, y ahĆ quedó esa memoria; sumergida en la corriente, como aquella gorra de capitĆ”n, que la llevó consigo para perderse en sus aguas.
Fernando Garza MarĆn. Gotor (Zaragoza)
Visión estereotipada
Mucho me temo que, a pesar de nuestros esfuerzos como sociedad para librarnos de los prejuicios y las imĆ”genes estereotipadas que tenemos sobre determinados colectivos, no estemos sino cambiĆ”ndolos por otros. Leo con estupor en la entrevista realizada a BĆ”rbara Lennie, en la que habla sobre su pelĆcula acerca de cinco mujeres que comentan sus vivencias en una casa rural, que la situación equivalente con cinco hombres carece completamente de interĆ©s para ella, pues Ā«seguramente beberĆan mĆ”s que nosotras y hablarĆan de fĆŗtbol, de deportes y de sus trabajosĀ». Como hombre al que no le gusta el fĆŗtbol, puedo asegurar que las conversaciones con mis amigos versan sobre temas muy distintos a los que sugiere nuestra premiada actriz. No solo hablamos, al igual que las mujeres, de nuestras vivencias personales, sino tambiĆ©n de la sociedad, de ciencia o de cualquier otro tema complejo que intencionadamente o por azar vaya a parar al centro de la mesa. Mesa, por cierto, en la que no se bebe tanto alcohol como se insinĆŗa en la entrevista. Esta visión simplista y estereotipada de los hombres que se puede trasladar sin rubor desde cualquier medio no hace ningĆŗn bien a la sociedad. QuizĆ” sin darse cuenta, la persona que la sostiene estĆ” actuando exactamente igual que aquellos a los que censura, y estĆ” tan equivocada como quienes afirman que las conversaciones entre mujeres carecen de interĆ©s, porque Ā«solo hablan de moda y de cotilleosĀ». Por favor, dejĆ©monos ya de prejuicios de gĆ©nero, no nos limitemos a pretender darle la vuelta a la tortilla. Intentemos construir una sociedad en la que cada persona se valore por lo que es.
Javier RodrĆguez. Teo (A CoruƱa)
La importancia de la conversación
7:40 de la maƱana, estoy solo tomando un cafĆ© en el bar de abajo de mi casa. Me prejubilĆ© hace muy poco y aĆŗn guardo las costumbres de cuando trabajaba. Yo que siempre dije que odiaba madrugar y que por eso deseaba jubilarme, y mĆrame ahora. La diferencia es que antes, mientras me tomaba mi cafĆ© largo, sin azĆŗcar, sin nada āa esas horas mi estómago todavĆa no se habĆa despertadoā, tenĆa algĆŗn compaƱero de fatigas con quien pegar la hebra ācomo decĆa mi querido Delibesā y ahora estoy solo. No me habĆa dado cuenta hasta ahora de cuĆ”n importante es la conversación āpor estĆŗpida que seaā que acompaƱa al cafĆ©. El cafĆ© sin conversación se me queda en la garganta, me oprime sin remedio, me asfixia lentamente. El cafĆ© acompaƱado es otra cosa: es calma, es redención, es darte los buenos dĆas. Lección aprendida: las pequeƱas cosas son la energĆa de esta vida.
J.G.N. Burgos
Por quĆ© la he premiado⦠Por reivindicar ese arte que no deberĆamos necesitar perder, uno a uno o en conjunto, para valorarlo como se merece.