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El bloc del cartero

Desvalorizados

Lorenzo Silva

Los días y las tareas –y últimamente los percances– se suceden y a veces en ese discurrir se producen transformaciones profundas que nos pasan casi inadvertidas. Algunas tienen que ver con los valores, de todo tipo: el valor que tienen las cosas, los valores que conservamos las personas. Hay servicios que fueron valiosos, pero ya no lo son: en el ámbito privado y público, son muchos los interlocutores que ya no hacen por nosotros nada más que remitirnos a su app, su formulario o su página web para que el servicio nos lo prestemos nosotros mismos. Hay principios que se observaban, pero ya casi no rigen: la consideración al más débil, la correspondencia a la fidelidad, la equivalencia entre lo que se pide y lo que se da a cambio. La carta de esta semana nos invita al escalofrío: digitalizándonos, nos desvalorizan.

El Campeador vs. Will Smith

La bofetada de Will Smith en la gala de los Oscar ha generado comentarios que entrañan un debate muy interesante sobre el concepto de masculinidad ... y el uso legítimo de la violencia física. De las declaraciones del actor se deduce que todo hombre debe proteger a sus mujeres, que deben guardar silencio y ser meras espectadoras. Muchos, incluido el propio príncipe de Bel-Air, consideran justificado el tortazo ante la broma desagradable, lo que, elevado a máxima categoría, llevaría a justificar cualquier tipo de agresión física como respuesta a una agresión verbal. Tras el discurso de agradecimiento y las lágrimas del aparentemente emocionado y poco menos arrepentido caballero andante, me viene a la cabeza una de las obras fundamentales de nuestra literatura, El cantar de Mio Cid. Después de la afrenta de Corpes, el héroe castellano no recurre a la venganza limpiando su honor con la sangre de los que lo mancillaron, sino a la justicia real. En un hecho revolucionario en la épica europea: el Campeador no se comporta como un macho alfa, irreflexivo e impulsivo; al contrario, el autocontrol, la sangre fría, la templanza lo caracterizan, sentando un modelo de conducta que muchos siglos después debería estar consolidado: el monopolio de la violencia legítima se reserva al Estado, principio básico de las sociedades desarrolladas. Ambos referentes están muy claros, solo debes preguntarte cuál de los dos te entusiasma a ti y, sobre todo, por qué.

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