El bloc del cartero
Dinosaurios
Una lectora se define a sí misma como un dinosaurio laboral. La razón es la imposibilidad de encontrar empleo una vez cumplidos los 50 años, a pesar de haber cotizado a la Seguridad Social durante tres décadas ininterrumpidas. De nada le sirven su experiencia, su formación, su disponibilidad o sus ganas de trabajar. Se queja de que nadie mira más que su edad y que esta la hace invisible. Hay en esta sociedad de la inmediatez y el culto a la juventud una prisa siniestra por retirar a la gente, que viene a ser lo mismo que descartarla. De esa pulsión no se libra ni Rafa Nadal, el tenista con el palmarés más espectacular de la Historia, a quien antes del último Roland Garros ya daban por amortizado. Hay dinosaurios que aún tienen mucho que aportarnos. Lástima que no siempre les dejemos.
Cartas de los lectores
Un lujo para España
Tenemos los españoles la inmensa fortuna de contar entre nosotros con el mejor catedrático de ética, buena educación, superación ante la adversidad y fuerza de ... voluntad que jamás hemos tenido. Contamos con el mejor embajador, que nos representa con la mayor elegancia y el más exquisito ejemplo desde hace un par de décadas y sin tacha alguna en la ardua labor de proyectar al mundo la mejor imagen. Si los iluminados que ingenian los nuevos textosy materias escolares de los libros de nuestros hijos y nietos supiesen ver el potencial del ejemplo superior e intachable de nuestro compatriota, harían conocer y estudiar, basándose en su ejemplo, los principales valores que forman su calidad humana. Tesón, empeño, humildad, trabajo, perseverancia, capacidad de sacrificio y espíritu de superación son la esencia y alma de nuestro embajador en toda su vida deportiva que se acerca ya al cuarto de siglo. Yo, como español, me siento más que agradecido por su ejemplo. Como deportista, me falta memoria para recordar los años de satisfacciones y alegrías que nos ha regalado. Y como hombre, padre y abuelo, le estoy profundamente agradecido por su ejemplo inaudito y genial. Haga lo que haga con su vida deportiva y personal a partir de este momento, Rafa Nadal tendrá siempre en mi memoria, un cariñoso recuerdo de reconocimiento, respeto y gratitud.
Ito López-Alonso. Santander
Ese pecado de malicia
Sábado por la mañana en la puerta de un supermercado. Se me acerca una chavalita de unos 14 o 15 años. Más no. De futuro buen ver y simpatía desbordante. Me pregunta si le hago el favor de sacarle del súper dos botellas de ginebra para celebrar su 'cumple'. Primero me sorprendo de la cara de buena persona que debo de tener. Y luego observo a pocos metros a tres mozalbetes y otra 'mozalbeta' pendientes de la negociación. Dije que no. La chavalita no insistió. Pero después, mientras yo recorría la tienda con mi carrito, me remordía la conciencia. Yo también he hecho botellones a esa edad. Pero entonces podías comprar bidones de alcohol. Me juzgaba a mí mismo sin saber si hice o no lo correcto. Al salir del supermercado, vi como una veinteañera entregaba una bolsa a mi chavalita. Con más de dos botellas y de tres. Por un lado, me sentí triste. Pero, por otro, me alegré. Ese pecado de malicia que todos llevamos dentro. Mal para la veinteañera por acceder a un delito. Bien para la chavalita, que llegará lejos. Porque convencer a alguien para cometer un delito es de concejal para arriba. Lástima no haberme quedado con su cara. De la de la veinteañera, sí. Es de mi barrio. A lo mejor un día me atrevo y le pregunto por qué lo hizo. Yo intentaré recordar que un día yo también fui chavalito. Y aquí estoy.
Luis A. Diez. Correo electrónico
Marcus Welby tenía razón
Antes de que el Dr. House demostrara su corrosivo ingenio hospitalario, en los años 70 del siglo pasado Marcus Welby, doctor en medicina, promulgaba un paradigma diferente, el del amigo y consejero que afrontaba los problemas de sus pacientes más allá de análisis y pruebas, compartiendo la inquietud y el sufrimiento. Yo era niño y recuerdo un capítulo en el que el veterano médico de familia Dr. M. Welby visitaba a un colega del hospital e intentaba convencer a los jóvenes estudiantes de que fueran especialistas en medicina de Familia y Comunitaria. Este año quedan vacantes muchas plazas MIR de medicina de Familia. A la vez la OMS confirma el grave deterioro de nuestra sanidad, especialmente de la Atención Primaria, la base del sistema. Un compañero de Madrid (médico de Familia) me dijo que su sobrino aprobó el MIR y le comentó el día anterior a la elección: «No, tío, yo no elegiré Medicina de Familia. Hay otras opciones mejores». Nuestra sociedad, sus dirigentes y bastantes médicos hospitalarios minusvaloramos la trascendencia de una Medicina Primaria con medios, motivación y prestigio. Creer que sin Medicina Primaria se puede tener buena sanidad pública por más que se hipertrofien los hospitales es, además de caro, una falacia o una gran ignorancia. Por eso los Doctores Marcus Wellby de la era postcovid seguirán predicando para promover jóvenes médicos de familia que encarnen el paradigma de un profesional cualificado y compasivo.
F.J. Barón Duarte. A Coruña
Ya no valgo para nada
Tengo 51 años y soy un dinosaurio laboral. Tengo cotizados más de 30 años. He trabajado de administrativa polivalente, comercial, telefonista, atención al cliente, camarera, pero parece que toda esa experiencia ya no cuenta, no sirve de nada. Hice un grado superior para reciclarme, compaginándolo con la maternidad en las horas libres. Tengo un curso de Excel, Word, nóminas y todo lo más demandado en las múltiples ofertas en las que estoy inscrita. Pero soy mujer, mayor de 50 años y con un perfil que ya no interesa en la bolsa de empleo. Se me ha agotado la prestación por desempleo y, tras suplicar una cita presencial en el SEPE, la recibí por fin para estos días. Como siempre me atenderá alguien que ni me mirará a la cara al hablarme y a quien le pediré información sobre alguna ayuda para personas de mi edad. Jamás imaginé un final de fiesta así. Tengo más ganas que nunca, experiencia, responsabilidad, disciplina y me puedo adaptar a cualquier empleo y condiciones, las que sean. Pero no: importa que nací en 1971, el resto es invisible, no cuenta. Soy un dinosaurio laboral, sin porvenir, sin ilusión, no sé si lo merezco o no, pero acabando esta carta solo tengo ganas de llorar.
Mari Carmen Espadas López. Camp Clar (Tarragona)
Por qué la he premiado… Porque algo muy importante falla cuando este es el final de una vida de trabajo.