El bloc del cartero
Dispersos
Reconoce uno de nuestros lectores que cada vez le cuesta mĆ”s trabajo mantener esa condición. ĀæEl motivo? La multitud de tareas, reclamos y quehaceres continuos que le estorban la concentración, incluso en medio del descanso estival. Esta distracción permanente en la que vivimos, y que viene a redondear la urgencia por exprimir los instantes, las experiencias y las capacidades, nos complica mucho el viejo arte de ahondar y reflexionar āconsustancial a la lecturaā y nos empuja, en cambio, a la nueva fiebre por la interacción, casi siempre banal y somera. Hace tiempo que quedó claro que la Ćŗnica forma de hacer ciertas cosas es desasirse del abrazo mortal de la telaraƱa extendida tras esa pantalla que siempre vigila nuestros pasos. De este mundo de dispersos, de esa bien engrasada rueda de hĆ”mster.
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titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Los abuelos y el mar
Escucho en las noticias de la televisión que un grupo de abuelos de Zamora, alguno ... de casi cien aƱos, ha ido a Gijón a ver el mar por primera vez en su vida. No puedo dejar de pensar que fue esta generación la que vivió y sufrió para tener el paĆs que tenemos ahora; otros hemos aprovechado su sacrificio para tener una vida mĆ”s agradable y a la vez contribuir a mantener lo que ellos cimentaron con tanto esfuerzo. Muchos de estos abuelos no pensaron en unas vacaciones porque no se las podĆan permitir o simplemente porque esa idea no se les pasaba por la cabeza; el tiempo libre, si lo habĆa, era para seguir apoyando la economĆa familiar, con un huerto, el mantenimiento de la casa para poder ahorrar... Esa ha sido la generación de mis padres, que no tuvieron ni un dĆa de vacaciones y que solo viajaron cuando se sentĆan obligados a acompaƱar a sus hijos por sus estudios o cuando estos los han llevado para compensar todo lo que no han podido ver. Me pregunto quĆ© pensarĆ”n estos abuelos ahora cuando observan cómo se estĆ” administrando su legado por algunos supuestos servidores pĆŗblicos, unos mimados que, a pesar de sus dietas, sus sueldos y sus viajes en primera clase para poder estar donde quieren, no son capaces de dejar de mentir, de mirar por sus propios intereses ni de ponerse de acuerdo simplemente por el Ā«contigo no porque no me interesa a mĆĀ». QuizĆ” ver el mar ha sido para ellos mĆ”s fĆ”cil que para sus abuelos.
TomÔs López. Alcañiz (Teruel)
Entrenar la actitud
Hace no mucho me enterĆ© de que un amigo no pasaba por un buen momento, y con esa franqueza castellana aderezada de sangre vasca le preguntĆ©, sin ambages, si era feliz. Ā«Ser feliz es cuestión de actitudĀ», me contestó, y esa respuesta me hizo pensar. Mi amigo es una persona vital, optimista, alguien capaz de irradiar a su alrededor alegrĆa, un don y una suerte para quienes en nuestras vidas contamos con Ć©l. Con sencillez, en esa frase me habĆa dado su receta de la felicidad, lo que todos buscamos: en el amor, en la familia, en lo material, en el trabajo, lo que todos ansiamos y perseguimos con demasiada prisa a veces, con poco esfuerzo otras. La felicidad. Cómo vivimos, la manera en la que vemos el mundo y las razones por las que cada dĆa intentamos dar lo mejor de nosotros mismos, el sentido de la vida y āen definitivaā la bĆŗsqueda de la felicidad pasan por la actitud. Erich Fromm dijo: Ā«Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serĆ”sĀ». Entrenemos la actitud ante la vida: mĆ”s optimismo que preocupación por el futuro; mĆ”s valorarnos que acomplejarnos por nuestros logros; mĆ”s aceptar que lamentarse ante las dificultades; mĆ”s conocernos y cuidarnos que perseguir unicornios. Seremos asĆ mĆ”s felices.
Carlos JosƩ Esguevillas GonzƔlez. Palencia
Esos locos bajitos
Septiembre huele a tinta, a lapiceros y libros nuevos. Toca, a veces, estrenar mochila o zapatos. Los lunes vuelven a ser lunes y en los patios de los colegios parece que caben todas las playas, las montaƱas, las plazas de los pueblos de mamĆ” o papĆ”. ĀæVolverĆ”n a reencontrarse los amigos y las amigas de junio? ĀæSe pondrĆ”n al dĆa contando aventuras y novedades? Es la ansiada o temida vuelta al cole o al insti, a la rutina de los horarios, a las cortas tardes de domingo, a los exĆ”menes, a la nueva seƱo o el antiguo profe. Este curso, sin embargo, deberĆa ser definitivamente distinto. DeberĆa ser el curso en el que se combatiese decididamente el brutal acoso, el miedo, la violencia entre iguales, la discriminación del desigual, el pĆ”nico en las aulas, la soledad, las ideas suicidas, los suicidios mismos. Este curso deberĆa ser un curso obligado para todos, para todos nosotros, un curso en el que todos nos implicĆ”semos para erradicar los males que padecen nuestros escolares, esas personitas a las que les encomendamos el futuro.
Luis AndrĆ©s MuƱiz GarcĆa. Alicante
Desconocer el significado de 'libertad'
Se oye continuamente la palabra 'libertad', la dicen los polĆticos, la cantan los cantantes, la escriben los autores y los periodistas, la reclaman los presos, pero Āæla gente de a pie es consciente de lo que significa y lo que supone? Vemos continuamente en las noticias cómo se vulnera. Me contaba un conocido que tenĆa un cliente mexicano adinerado que se habĆa instalado en EspaƱa porque sus hijos pequeƱos tenĆan que ir con guardaespaldas; le hacĆa ilusión comprarse un Mercedes-Benz, y allĆ tenĆa un coche viejo para no levantar sospechas. Ya instalado, sus hijos le contaban que en EspaƱa podĆan salir a jugar sin peligro. EntrenĆ© niƱos pequeƱos, entre ellos un argentino. Se veĆa que sus padres tenĆan formación, y un dĆa hablando con ellos les preguntĆ© por quĆ© se habĆan venido a EspaƱa. Me contaron que tenĆan mejores trabajos en Argentina, pero estaban acojonados porque por un secuestro de un hijo pedĆan cincuenta euros y, si no pagaban, podĆan asesinarlos. Los ciudadanos procedentes de paĆses con grandes limitaciones de libertad, como paĆses iberoamericanos, musulmanes, comunistas o con dictaduras, saben valorar la libertad que pueden disfrutar aquĆ. Por el contrario, cuando hablas con la gente de aquĆ, no valora lo que significa la libertad: tomar una cerveza tranquilamente, ir a un mitin sin temor a ser asesinado, circular sin temor a que la PolicĆa te pare para sacarte dinero o que los niƱos puedan jugar en los parques, etc. Ni la valora, ni reconoce que la libertad estĆ” garantizada por las fuerzas de seguridad del Estado y las fuerzas armadas.
AgustĆn Aznar. Correo electrónico
Entrenar la actitud
Hace no mucho me enterĆ© de que un amigo no pasaba por un buen momento, y con esa franqueza castellana aderezada de sangre vasca le preguntĆ©, sin ambages, si era feliz. Ā«Ser feliz es cuestión de actitudĀ», me contestó, y esa respuesta me hizo pensar. Mi amigo es una persona vital, optimista, alguien capaz de irradiar a su alrededor alegrĆa, un don y una suerte para quienes le tenemos en nuestras vidas. Con sencillez, en esa frase me habĆa dado su receta de la felicidad. Lo que todos buscamos, en el amor, en la familia, en lo material, en el trabajo, lo que todos ansiamos y perseguimos con demasiada prisa a veces con poco esfuerzo otras: la felicidad. Cómo vivimos, la manera en la que vemos el mundo y las razones por las que cada dĆa intentamos dar lo mejor de nosotros mismos, el sentido de la vida y en definitiva la bĆŗsqueda de la felicidad pasan por la actitud. Erich Fromm dijo: Ā«Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serĆ”sĀ». Entrenemos la actitud ante la vida, mĆ”s optimismo que preocupación por el futuro, mĆ”s valorarnos que acomplejarnos por nuestros logros, mĆ”s aceptar que lamentarse ante las dificultades, mĆ”s conocernos y cuidarnos que perseguir unicornios, seremos mĆ”s felices.
Carlos JosƩ Esguevillas GonzƔlez. Palencia
La importancia de la conversación
Fin de agosto. El sol se refleja en mi libro mientras intento concentrarme en las primeras pĆ”ginas. Un verano mĆ”s, el tiempo destinado a la lectura se ha reducido al mĆnimo en favor de actividades mĆ”s costosas y menos fascinantes. Un verano mĆ”s, tras haber elegido varios libros, entre clĆ”sicos y best sellers , buscando lecturas que casen con el plan estival, me encuentro con que he dedicado mĆ”s tiempo a este proceso de selección que a disfrutar de cada libro. Un verano mĆ”s, cuando por fin llega ese dĆa plĆ”cido, sin planes, con esa leve brisa fresca en el momento propicio para leer, mi capacidad de concentración se ha reducido al mĆnimo y las palabras no vuelan en mi imaginación. Las excusas invernales habituales para no leer se transforman en otras que apenas entiendo. ĀæNo serĆ” que existe una Ćŗnica y profunda gran excusa; que el maravilloso hĆ”bito de leer que conocĆ en mi juventud y que cultivĆ© pacientemente a lo largo de los aƱos se ha difuminado en los prolĆficos quehaceres y rutinas de mi vida diaria? Tras decidirme a abandonar estas meditaciones que me alejan aĆŗn mĆ”s de la lectura, retomo el libro entre mis manos y trato de recuperar lo que nunca debió irse.
JosĆ© MarĆa Castresana. Correo electrónico
Por qué la he premiado⦠Por la confesión, franca y honesta, en la que seguro que mÔs de uno se va a reconocer.