EL BLOC DEL CARTERO
Donés
Pondera un lector la lección de vida impartida por el músico Pau Donés a raíz de la enfermedad que acabó conduciéndolo a esa orilla que ... a todos nos aguarda como la única promesa cierta. Ni guerrero ni superviviente frente a un mal ante el que comprendió hace tiempo que la derrota era segura, se esforzó por ofrecer a los suyos y de paso a todos el ejemplo de quien ha aprendido a convivir con lo que le depara la existencia, a despecho de sus angosturas y sus adversidades. En el mismísimo borde, cuando ya casi estaba más del otro lado que de este, se embarcó en regalarle a su hija y de paso a cuantos le prestaran oído una canción alegre y bellísima. Que un moribundo fuera capaz de componer un himno a la vida de tan exquisita vibración nos sube el listón a cuantos aún vivimos.
LA CARTA DE LA SEMANA
El día que bajé las escaleras... del colegio para ir a clase de gimnasia lo recordaré siempre. Estaba en 8º de EGB. Abajo, me esperaban emboscados mis compañeros. No los vi venir, pero pude hacerme un ovillo y protegerme de la avalancha de golpes. Mi madre también recuerda cómo llegué a casa, magullado y con el paraguas roto. Con mi padre, fueron al colegio a exigir un castigo a los culpables. El día después, la tutora, Maribel, entró en clase y me pidió que los nombrara. Pese a la vergüenza, di hasta trece nombres. Me convertí en un chivato. Fue en 1987. Los niños de entonces éramos crueles con otros, más si eran bajos, gordos, afeminados, hablaban otra lengua o eran mongolos. Había peleas diarias a la salida del cole y, por diversión, torturábamos animales. Crecimos, nos hicimos adultos. Algunos estamos casados, tenemos niños, los educamos de otra forma. Habría querido que borraran su foto de la orla de la promoción que cuelga en el cole. Y que les quitaran el título de EGB. Pero al acudir a la reunión de la promoción, pese a mis reticencias, me reconcilié con ellos. Solo se puede construir el futuro, no cambiar el pasado. No alberguemos rencor.
Manuel Pérez Ron (Correo electrónico)
Por qué la he premiado…Por el camino recorrido, la mirada en el viaje y, sobre todo, el lugar a donde llega.
Un ejemplo de dignidad
La reciente muerte de Pau Donés nos ha cogido por sorpresa a casi todos. Autor de un himno generacional (La Flaca) y canciones de una amable simplicidad, desde 2015 le habían tocado las peores cartas y aun así decidió continuar jugando la partida con una sonrisa. Así era él. Un ejemplo de dignidad, resiliencia y alegría. En los últimos meses, cuando supo que su ocaso estaba cerca, Pau reunió a su núcleo duro musical y les propuso un último baile, aunque las fuerzas y voz ya no lo acompañaran. Una nueva canción (Eso que tú me das) dedicada a su hija Sara, acompañada de un emotivo videoclip, nos hizo esbozar una sonrisa pese a su frágil aspecto físico. Pau Donés nos deja un extenso legado de canciones que siempre nos acompañarán, pero también su infatigable lucha contra el cáncer y un disco casi póstumo que habrá que escuchar y bailar como hubiera querido él. «La vida es un regalo», se hartaba de decir. Y es que la gran lección que nos deja Pau es que por muchos palos que nos dé la vida, el jarabe siempre curará las heridas. Descanse en paz. Felipe Aparicio Hernán. Madrid
¿Vivir o jugar al póker?
El póker es un juego relativamente sencillo: solo tiene unas pocas reglas básicas que pueden aprenderse fácilmente. Pero lo que lo caracteriza no son sus reglas sino sus intenciones, pues de lo que realmente se trata en el póker es de mentir, confundir y despistar al resto de jugadores a fin de asegurarse las máximas ganancias para uno mismo, siempre bajo el convencimiento de que el resto de las personas que participan en la partida intentarán hacer lo mismo. Por eso, al final de la partida nadie se molesta ni se sorprende de que, solo unos minutos antes, todos hubiesen estado intentando embaucarse mutuamente. Lamentablemente, hay personas que confunden la vida con el póker. Identifican en las relaciones humanas solo un recurso para su beneficio personal y, aunque siempre respetando el contexto de las normas básicas de la legalidad imperante, se sienten con derecho a casi todo con el fin de obtener beneficios rigurosamente propios. Piensan son personas astutas que saben aprovechar las oportunidades que les ofrece la vida, y no tienen problema por enredar a quien toque bajo la convicción profundamente equivocada de que los demás a buen seguro harán lo mismo que ellos si pueden. Como buenos jugadores de póker, tampoco aceptan reproches de sus damnificados al final de la partida. Vale la pena compartir la vida preferiblemente con aquellas personas que sepan diferenciar bien entre la vida y el póker.
Guillermo Fernández Navarro (Tarragona)
¿Acaso somos cebras?
Cuando un león se abalanza sobre una cebra que pasta junto al resto de la manada en la sabana africana, esta huye y, con suerte, logra burlar a su perseguidor. Tras recuperar el aliento y ya de nuevo con los suyos, la cebra olvida lo sucedido y vuelve a pastar plácidamente hasta el próximo ataque. ¿La razón de que esto ocurra? Si la cebra recordara cada uno de los ataques que ha sufrido, su estrés por el miedo a ser atacada en todo momento por un depredador le impediría vivir. Los humanos no necesitamos hoy de ese recurso, ya que no estamos sometidos a ataques repentinos y continuos que nos pongan en peligro. Entonces, ¿por qué, a veces, actuamos como si nos hubiésemos olvidado de las cosas que han pasado? Acabamos de vivir algunos de los peores meses en muchos años, con cientos de miles de personas fallecidas en el planeta y una crisis económica a nivel mundial. Pero cuando parece que las cosas empiezan a recuperarse y la pandemia a estar controlada, algunos nos olvidamos por completo de lo sucedido y decidimos saltarnos las precauciones mínimas para evitar futuros rebrotes. Si no somos cebras, no deberíamos actuar como tales. Es nuestra obligación seguir actuando con prudencia hasta que la situación esté totalmente controlada. Quizá se vuelvan a dar rebrotes de COVID-19, pero que no sea por nuestra imprudencia. Si seguimos actuando del modo que nos corresponde, no dudo de que seguiremos venciendo a este virus y a cualquier otro que surja.
Igor Eguia Lejardi, Elgoibar (Guipúzcoa)