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El bloc del cartero

Drogados

Lorenzo Silva

Como sugiere un joven lector, quizĆ” sea ya el momento, si no llegó hace aƱos, de tomar conciencia de que hay drogas que ni se inhalan ni se inyectan ni se beben, pero no por ello dejan de serlo ni de activar un circuito perverso, el de la adicción, que lleva a quien ha caĆ­do en Ć©l a poner la obtención de la dosis por delante de otras cosas, a veces importantes. QuizĆ” haya llegado ya la hora, si no sonó hace mucho, de cuestionar la conveniencia –y no se diga ya la necesidad– de vivir pendientes de una droga digital diseƱada para engancharnos a su uso y extenderlo a la mayor porción posible de nuestro tiempo. No parece que nadie vaya a actuar para conminar a los traficantes a reducir los perjuicios. Para contenerlos, no hay mĆ”s defensa que el criterio y la prudencia de cada uno.

titulosecundario titular="Las cartas de los lectores

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Malos tiempos para la lĆ­rica (medioambiental)

Si asimilamos que el paisaje es a la naturaleza lo que la poesĆ­a a la literatura, nuestros ... parajes estĆ”n siendo desgarrados por el zarpazo de los modernos molinos de viento, al menos para la sensibilidad de quienes vemos en ese paisaje algo mĆ”s que una bucólica postal. Hace mĆ”s de un cuarto de siglo que desde el norte de Burgos venimos advirtiendo que la masiva instalación de aerogeneradores para capturar el viento y convertirlo en energĆ­a –para, en su mayor parte, los nĆŗcleos urbanos– no es sostenible; aunque sĆ­ muy lucrativa. Nos han arrebatado ya cientos de hectĆ”reas y miles de kilómetros de la que es –¿era?– la esencia de nuestro terruƱo, emborronando la belleza con la que se recreaba nuestra mirada. Y no saciados con ello, y en pos de un futuro que parece dar la espalda a sus raĆ­ces, la larga sombra de estos gigantes de metal se cierne sobre los cada vez mĆ”s escasos lienzos naturales que mecen el espĆ­ritu humano con la caricia de la contemplación. AmĆ©n de los efectos que tienen para sus mĆ”s genuinos protagonistas, los animales que habitan entre sus lĆ­mites, cada vez mĆ”s estrechos por mor de la ilimitada ambición del Homo consumus que, al rebufo de una renovada legislación, no sopesa sus consecuencias, opacas y silenciadas, en la balanza de los pros y los contras. La bĆŗsqueda del equilibrio entre desarrollo y conservación no es fĆ”cil, pero es un clamor a los cuatro vientos que la industrialización de la naturaleza es un oxĆ­moron para el medioambiente.

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