El bloc del cartero
Enfermando
Tras el descontento con la educación, esa eterna asignatura pendiente para nuestros políticos, tan incapaces de pactar algo, llega a todas las pantallas el desmoronamiento de la sanidad pública, que venía siendo la joya de la corona y nuestra principal razón para el orgullo. El derrumbe va por barrios, como todo entre nosotros: efectos de que unos sean más ricos o estén mejor gestionados (o financiados) que otros. Pero el deterioro es general y entre otros factores deriva de la escasez de profesionales sanitarios, esas personas a las que hace nada obligamos a sostener una medicina de guerra por nosotros y a las que seguimos sin ofrecer condiciones laborales dignas, lo que las impulsa a emigrar. Ojo con esto, advierte una lectora. El aviso también va por los que pronto pedirán el voto.
Cartas de los lectores
El derecho a la sanidad pública
Cuando hablamos de sanidad, hablamos también de salud, ese derecho tan básico y universal. Por desgracia, hay muchos países en el mundo que no lo ... tienen. Nos podemos considerar afortunados de haber tenido la suerte de haber nacido o vivir en ese Primer Mundo donde la sanidad está financiada y sostenida por nuestros impuestos, justos y equitativos. Hace unos años, presumíamos de tener una de las mejores sanidades del mundo y era cierto, por calidad de sus coberturas y servicios. Pero algo está cambiando y de manera alarmante, más si tomamos como referencia la pasada crisis sanitaria. Ahí estuvieron en primera línea médicos y sanitarios y después se les 'olvidó'. Si antes se privatizaba o recortaba en salud, de una manera más o menos disimulada, ahora son ya muchas las comunidades que con todo desparpajo nos llevan a una medicina privada; por consiguiente, menos recursos para la pública. No son todas por igual, pero entonces el problema ¿cuál es? ¿Faltan médicos o enfermeras? ¿Quizá estos emigren buscando mejores condiciones? ¿O por algún oscuro problema ya no compensa la sanidad pública? No hace mucho me comentaba un familiar del otro lado del charco que teníamos suerte porque allí quien no dispone de recursos o seguros puede arruinarse o morir. Pues igual me dejó más tranquila, pero seguro que no a las generaciones venideras.
Olga Santisteban Otegui. Zalla (Bizkaia)
La bandera española
Hace unos días, comiendo un asadito en el Mercado del Puerto de Montevideo, junto con mi sobrino Óscar, comentábamos el mal uso que se ha hecho de la bandera española por parte de los partidos de la derecha, hasta el punto de que cualquier ciudadano que la exhiba es tachado, inmediatamente, de facha. Hasta siniestros personajes como el excomisario Villarejo la exhiben orgullosamente en sus gorras. Decía Óscar que la culpa era de la izquierda por no haber utilizado la bandera en sus mítines. No estando de acuerdo con ello, sí es verdad que me produjo cierta reflexión. Lo correcto sería que estuviera prohibido el uso de símbolos nacionales en mítines o eventos promovidos por cualquier partido, debiendo utilizar únicamente sus propios emblemas, símbolos o banderas que los identifican. Pero ya que, a estas alturas, esto es casi imposible, quizá debiéramos hacer uso del famoso dicho «si no puedes con tu enemigo, únete a él». Por eso yo propondría a todos los partidos nacionales de izquierdas que exhiban también la bandera española en sus mítines, mezclada con la de su partido. A lo mejor, así conseguiríamos dejar de asociar la imagen de la bandera española, que representa a todo el país, con partidos de derechas o ultraderecha.
Fernando de la Torre. Correo electrónico
El entierro del guitarrero
Marcelo Barbero fue un muy cotizado y conversable guitarrero madrileño, de baja estatura y escaso pelo, que vivía con su esposa Eusebia y dos hijos en una vieja casa-taller muy humilde de la calle Ministriles 6. Fue discípulo de los acreditados guitarreros madrileños José Ramírez y Santos Hernández y fue sucedido por su único y acreditado discípulo Arcángel Fernández. Por el taller de Marcelo desfiló toda una cohorte de los más destacados guitarristas de la época, tanto de clásico como de flamenco. Marcelo murió en 1956 repentinamente y fue enterrado en el inmenso cementerio de La Almudena, adonde yo acudí siguiendo a un reducido cortejo de familiares y amigos. Dado el gran número de entierros y gente que había en tal momento me despisté y seguí, sin percatarme, a un cortejo ajeno, no dándome cuenta de mi error hasta que llegó a su destino, donde permanecí brevemente por simple inercia ignorante del espectáculo que me esperaba cuando se procedió a abrir un pequeño ataúd blanco con el cadáver de una niña de unos siete años. El momento de la apertura de la tapa de la caja para que sus hermanitos la viesen por última vez y se despidiesen fue como abrir una terrorífica caja de Pandora de dolor y tristeza, pues se produjo un tremendo clímax de desgarradores y espeluznantes gritos y lloros infantiles al tiempo que intentaban echarse sobre el féretro. Fue todo un macabro espectáculo de los que encogen el alma, que me puso los pelos de punta hasta tal extremo que al cabo de 66 años tan imborrable recuerdo pervive indeleble en mi mente, dado el impacto que aquel para mí anónimo entierro infantil me produjo.
Juan Antonio Pérez-Bustamante Monasterio. Cádiz
Vendiendo humo
Me he quedado absolutamente pasmado al visionar, admirado y ojiplático, los últimos anuncios con las que algunas empresas, sobre todo de banca y telefonía, están bombardeando al público joven. «Somos nómadas». «Yo no necesito en la vida nada más que mi móvil». «Nunca he durado más de tres meses en una empresa». Las empresas modernas, globales y superguáis (ay, perdón, que esta expresión está pasada de moda) están vendiendo a la generación Z que –como solamente se les está pagando lo mínimo para subsistir y, además, con un contrato temporal– tienen que sentirse dichosos y felices porque están libres de compromisos, libres de ataduras, libres de preocupaciones… Está sociedad les está vendiendo humo. Libres o esclavos. Medítenlo.
Miguel Romano Mur. Zaragoza
Por qué la he premiado… Porque para nombrar algunas situaciones sería deseable que se mostrara más decoro.