El bloc del cartero
Fragilidades
No es que nos sintiéramos seguros. Ya nos había sacudido la crisis de 2008, que dejó a personas sin trabajo y sin techo y nos hizo saber, en la carne de los griegos y de otros, que ni las pensiones estaban garantizadas. Pero la sucesión de desastres de estos nuevos años locos inaugurados en 2020 nos ha demostrado que pueden llegar a tambalearse esas certezas cotidianas en las que se asienta nuestra sensación de pisar suelo firme. Ya no es sólo tener que empezar a temer que en la balda del súper no haya leche, harina o aceite. Es que en Ucrania, que no está tan lejos como otras guerras, han visto cómo volaba el súper entero en una nube de fuego. Hechos como estos obligan a revisar paradigmas que son un lujo de gentes opulentas y distraídas. Por ejemplo, que no hay que invertir esfuerzos en la defensa de la comunidad.
Fragilidad social
Lo que antes podía ser solo un sentimiento, hoy es una certeza. Somos frágiles, socialmente vulnerables. Lejos nos creíamos de esta situación tras observar el ... mundo que nos legaron nuestros abuelos y padres. Esos cimientos que construyeron tras la gripe española, la Guerra Civil o la dictadura de Franco se comportaban con fortaleza ante cualquier revés. Pero no caímos en la cuenta de que la resiliencia social es escasa. Creíamos que nuestra buena marcha seguiría sustentándose pese a que no reforzáramos su hilvanado. Y varios avisos seguidos nos han puesto sobre la pista contraria. Una crisis económica –mundial, sí, pero afrontada por cada país con soluciones muy heterogéneas–, una pandemia y una guerra han descosido con facilidad las puntadas de nuestro futuro. Lo peor no es la adversidad, sino la fragilidad con la que la afrontamos. Así, una huelga de transportistas puede dejar las baldas de los supermercados con problemas de abastecimiento y una infección vírica hacernos competir por el papel higiénico. Lo sorprendente es que no es el acontecimiento adverso el que nos ha hecho frágiles, sino que con anterioridad nos habíamos empeñado en serlo política y socialmente.
Solo resta esperar a que escampe.
Luis Alberto Rodríguez Arroyo. Santo Tomás de las Ollas (León)
La importancia del servicio militar
Ha tenido que invadir Rusia a Ucrania, y Estados Unidos dejar la defensa de la vieja Europa, para que esta le haya visto las orejas al lobo. Europa ha descuidado su defensa, cosa de la que se acaba de despertar, de sus ensoñaciones pacíficas y de los compromisos incumplidos de los países miembros con la OTAN: muy pocos han cumplido con destinar el dos por ciento de su presupuesto para defensa. Una vez invadida Ucrania, se han puesto a formar militarmente a la población civil, misión muy difícil de la noche a la mañana. Durante muchos años se prestó el servicio militar obligatorio como forma de tener personal con unos conocimientos mínimos de defensa en caso de necesidad. Israel es una democracia muy avanzada y lo tiene establecido, con armas o con servicios sociales, por la amenaza de sus vecinos. Alemania, que ha mantenido un perfil bajo desde la Segunda Guerra Mundial, acaba de destinar cien mil millones de euros para reforzar la defensa nacional. También la UE se ha puesto las pilas. No pretendo por ello que se reinstaure el servicio militar obligatorio, pero un periodo de dos, tres meses de preparación serviría para conocer qué significa la defensa de las libertades y estar preparado en caso de necesidad para no tener que correr cuando la situación ya se haya producido.
Agustín Aznar Sánchez. Zaragoza
Paz versus guerra
Ucrania, país independiente y libre, decide adherirse a la OTAN, lo que conlleva que tendrá armamento y soldados 'amenazando a Rusia'. Rusia considera que esto supone una amenaza para su seguridad y decide invadir Ucrania. Los palestinos que reclaman su tierra y ser reconocidos como Estado amenazan con sus armas de destrucción masiva (piedras, cohetes de feria) a su vecino Israel, que, como considera que representa una amenaza a su seguridad, hace frecuentes incursiones (eufemismo) en la Franja de Gaza: la última costó 255 vidas de palestinos, mujeres, niños. Once días empleó Israel tanques, artillería, drones. El reino alauita, para el que todo el monte es orégano, se queda con el Sáhara expulsando a su población. Hoy hay más de treinta conflictos, algunos recientemente escabrosos (Irak, Afganistán, Yemen, Somalia...). El Tío Sam desde hace 60 años mantiene un embargo sobre Cuba (no le gusta Cuba) a la vez que un Guantánamo Resort para personajes vip. En cambio, premia y estimula a los Emiratos Árabes, concediéndoles un Mundial de Futbol. La ONU dicta resoluciones que parecen monólogos escritos por Gila. Hacen reír, nadie los respeta. Putin, Biden y sus palmeros son discípulos aventajados de la escuela de Antístenes y Diógenes de Sinope. En fin, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Jose García. Getxo (Bizkaia)
El tiempo, el mejor maestro.
Siempre he vivido en la casa de mi abuelo, se podría decir que es mi hogar. Ahora mismo me encuentro en mi habitación preparando unas oposiciones, con la correspondiente concentración que ello requiere. Mi abuelo de 91 años suele invertir su tiempo en ver la televisión en el salón, pero, debido a su sordera, imaginaos al volumen al que la tiene que poner para poder enterarse de algo. Por lo tanto, le suelo recordar que cierre la puerta para que me pueda concentrar. Partiendo de que tiene alzhéimer, cada cierto tiempo sale del salón y no se acuerda de que tiene que volver a cerrar la puerta. Esto me lleva a recordar que, cuando yo era pequeño, era él el que me repetía una y otra vez que cerrase la puerta para no perder el calor que había en el salón. En aquella época, no le daba importancia a lo que me mandaba y, cuando la dejaba, abierta recibía una bronca. No creo que sea el karma, pero lo que sí que creo es que no tengo derecho a enfadarme con él. David García. Correo electrónico.
Por qué la he premiado… Por contar cómo quienes nos enseñaron nos siguen enseñando, aun cuando ya no parece que puedan hacerlo.