El bloc del cartero
Funcionarizando
Después de abusar de la interinidad hasta el extremo de provocar el reproche de la Unión Europea, la Administración se pone al fin las pilas para reducirla. A quienes llevan mucho tiempo desempeñando un puesto público en situación de precariedad se les ofrece una vía rápida para alcanzar la codiciada condición de funcionario. No deja de ser justo que a quien ha demostrado sobradamente su capacidad para ocupar el puesto se lo exonere de pruebas redundantes. Sin embargo, en algún sitio hay que poner la raya, y eso genera agravios comparativos, como nos señala una lectora a la que no se le ofrece esa vía y se ve obligada a estudiar. En todo caso, hay una idea que a veces queda en segundo plano: más allá del comprensible apego al puesto fijo, todo funcionario debería tener vocación de servicio público.
Cartas de los lectores
Empleo público
Este año, por fin, se va a llevar a cabo la estabilización del empleo temporal para los empleados públicos. Desde Europa le han dicho al ... Gobierno español que 'se ponga las pilas' y baje la exagerada tasa de temporalidad que hay en la Administración de nuestro país; así que se anuncia una oferta de empleo público sin precedentes: miles de plazas en todas las Administraciones: la del Estado, la de las Comunidades Autónomas, etc. Solo hay un problemita: cómo hacemos esto, dónde ponemos el corte que marque el punto de inflexión para exigir el tener que hacer un examen o solo un concurso de méritos para que los interinos que ya están trabajando se queden en su puesto y pasen automáticamente a ser funcionarios de carrera. ¡Menuda movida! En mi trabajo, todos preguntando: «¿Desde cuándo estás trabajando? ¿Te has enterado de que nos van a hacer funcionarios por la cara? ¡Mira esa, qué pobre, por dos meses de diferencia va a tener que estudiarse todo el temario!». Así que los más afortunados están celebrándolo y los menos estamos en la biblioteca haciendo test como locos... El domingo nos examinamos... Voy a seguir estudiando.
Carmen Berenguer Rubio. Zaragoza
La hora de los oficios
Oí decir al gran poeta Joan Margarit que, cito de memoria, la integridad personal conlleva tener tres apellidos. Los paterno-materno y tu oficio. Yo soy García Castro Carpintero. Bien sabemos hoy que faltan camareros para cubrir la demanda hostelera. Pero nos quedamos en la superficie si creemos que solo faltan camareros. Faltan carpinteros, metálicos, encofradores, fontaneros, cerrajeros, yesistas, torneros... Un país huérfano de apellidos es un país abocado al estancamiento. Los oficios, denostados por nuestra falsa creencia de que son las llamadas 'profesiones liberales' las que mejor estatus te ofrecen, los oficios, digo, son imprescindibles para el digno desarrollo de una sociedad. La habilidad manual te hace crecer como persona al situarte en la cumbre del desarrollo mental y autoestima. El oficio nunca fue en las casas el hijo pródigo, pero lo es. Así que manos a la obra, por parte de padres, madres, instituciones y empresas para poner al oficio en el lugar destacado que merece. Es hora de los oficios. Es hora de la verdad.
Francisco García Castro. Estepona (Málaga)
Mamá, yo no quiero ser comisionista.
Pues yo no quiero ser comisionista, mamá. Ni bróker sin parar. Tampoco me ilusiona ser multimillonario ni tener un yate ni una cuenta en Suiza. Pues no, no inculcaron en mí esos valores. No pretendo cambiar el mundo ni que el mundo me cambie a mí. Me basta con lo que tengo, suficiente para caminar por este valle de lágrimas sin más aspiración que conseguir cada día la salud y el bienestar de aquellos a los que quiero e intentar no causar daño a nadie, al menos conscientemente. Y me extraña ser así tras leer una carta publicada en el XLSemanal nº 1805 porque yo llevo en la muñeca una 'patria pulserita' (interpreto que la autora de la carta quiere referirse con tal admonición a una pulserita con los colores de la bandera española; si así no fuese, mis más respetuosas disculpas). Y es que soy incapaz de entender la connotación que puede tener lucir símbolos de uno u otro matiz con ser un rufián o presunto acaparador con artes poco dignas de bienes materiales. Pues no, mamá, yo no quiero ser comisionista. Dicho sea todo con el máximo respeto.
Pedro R. Ramos. Torrelavega (Cantabria)
Saber escuchar
Hablamos mucho de la soledad de los mayores, una soledad (en casa o en una residencia) muchas veces buscada por circunstancias personales o familiares. Los mayores en residencia suelen estar acompañados por ese amor vocacional de los profesionales que los cuidan, les hablan y sobre todo los escuchan, mejorando su calidad de vida. La peor soledad es la que se sufre en compañía: aquella en la que el otro no existe; esta soledad la acaparan los móviles, la tablet, la televisión, que mal utilizados degeneran la convivencia y crean irritabilidad y desconfianza, pues el respeto, el amor y la atención solo pueden expresarse con la palabra, la caricia o la mirada. Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad. Además, siempre nos quedan los libros: están ahí ad hoc y dan a elegir tema.
Adelaida Pérez-Rodríguez. León
Por qué la he premiado… Por la mirada certera a esas soledades en las que caemos sin reconocerlas.